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GALICIA, IZQUIERDA A DEBATE

¿Qué ha pasado con las promesas de remunicipalización de la “nueva política” gallega?

Las llamadas candidaturas ciudadanas gobiernan en Santiago de Compostela, Ferrol y A Coruña. Frente a las promesas electorales y las expectativas sociales que generaron, ¿Cuál ha sido su verdadera política?

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Miércoles 15 de marzo | 19:42

Las mareas gallegas están compuestas por Anova, Esquerda Unida y Podemos. Desde la descomposición en el 2012 del BNG hasta la irrupción del fenómeno Podemos, pasando por la transición de AGE, fue en el 2015 cuando estas nuevas fuerzas se sometieron finalmente a la prueba del poder, poniéndose al frente de la gestión de los Ayuntamientos de Santiago de Compostela, Ferrol y A Coruña.

La “nueva izquierda” gallega se hizo fuerte con un discurso de cambio, de recuperación de los derechos y defensa de los intereses de “la ciudadanía”. Muchas fueron sus propuestas, como los planes de ayuda a la exclusión social o la creación de un parque público de viviendas, pero una de las propuestas estrella y que ha sido de las reivindicaciones más sentidas por amplios sectores de la clase trabajadora gallega ha sido la promesa de remunicipalización de los servicios públicos privatizados.

Acercándose la mitad de su mandato, hacemos un repaso para determinar si han cumplido sus promesas.

La remunicipalización, como discurso y como política

Como ha ocurrido en otras ciudades del Estado, entre las medidas estrella de los nuevos gobiernos estaba la remunicipalización de los servicios públicos. Entre las ciudades gallegas, la propuesta de Ferrol, gobernada por Ferrol en Común, formación que componen Esquerda Unida, Anova e integrantes de Podemos, era la más ambiciosa. A dos años de gobierno también es la que más ha fracasado Ferrol es uno de los principales núcleos obreros de Galicia, con un peso muy importante de los astilleros y otros sectores industriales.

El alcalde, Jorge Suárez, prometía en campaña y tras asumir su mandato la remunicipalización de la luz, el agua, la basura, el mantenimiento de viales, los parques y jardines, y la gestión de espacios culturales o la oficina de atención ciudadana. Nada de esto se ha conseguido. Y la falta de avances en este ámbito motiva en los últimos meses las críticas de la “Plataforma en Defensa dos Servizos Públicos, pola Remunicipalización”.

La gestión pública del agua es de Emafesa y Urbaser-Socamex. Todavía no se ha cancelado su contrato. Incluso con la gravedad que supone que la empresa privada que gestiona la depuradora municipal vertiera aguas contaminadas desde 2014. Con respecto al suministro de electricidad y el mantenimiento del alumbrado, Ferrol en Común paralizó la adjudicación puesta en marcha por el gobierno del PP y sacó adelante un contrato más corto, por un año. Estudian “la posible remunicipalización” para 2018.

En el servicio de recogida de basuras y limpieza viaria, a cargo de Urbaser, el gobierno local paralizó formalmente en septiembre del 2015 el contrato que el anterior gobierno proponía por diez años y casi ochenta millones de euros. Sin embargo, este contrato continúa en vigor, mientras el gobierno actual dice que no puede recuperar la gestión pública aún porque la compra de maquinaria sería cara.

El contrato con Misturas, la empresa concesionaria del servicio de baches y mantenimiento de viales venció el 12 de febrero. Mientras el gobierno municipal se plantea contratar los servicios de otra empresa una cuadrilla de solo cuatro miembros, que el gobierno prometió ampliar, tiene que atender las necesidades. Lo mismo ocurre con el servicio de mantenimiento de parques y jardines, a cargo de las empresas San José y El Ejidillo. Este contrato se ha prorrogado y tendrá un coste de 1,1 millones de euros.

La gestión de los espacios culturales municipales sigue por quinto año en manos de la empresa Eulen, la misma que gestiona la oficina de atención ciudadana. El gobierno local le dio un año más en junio del 2016, tras alegar falta de personal para asumir la labor.

En Santiago de Compostela, el servicio de la ORA (aparcamientos de pago) y de la grúa siguen en manos privada. Martiño Noriega renovó el contrato del servicio de grúa y ORA bajo la gestión de la concesionaria de la misma concesionaria de los últimos 4 años. Además, no ha cumplido todavía la promesa electoral de remunicipalizar el servicio de transporte urbano. Por su parte, Marea Atlántica en A Coruña sí que ha cumplido la remunicipalización del servicio de la red de bibliotecas municipales. Pero ya han renunciado a la de otros servicios como la ORA por el “riesgo económico”.

La remunicipalización hay que conquistarla en las calles

Si el Ayuntamiento estuviera seriamente dispuesto a luchar por mantener su promesa de remunicipalización, entonces propondría implicar a la población trabajadora para luchar por ello y no quejarse de que no lo dejan hacer. Es una obviedad decir que los capitalistas, sus partidos y los poderes facticos se oponen y se seguirán oponiendo a cualquier cambio. Por eso hay que oponerles una fuerza social superior: de la mayoría de los trabajadores y el pueblo pobre. ¿Cómo? Por ejemplo, impulsando comités de trabajadores y vecinos para luchar por la misma, porque es con la movilización social como se puede imponer este programa, boicoteando a empresas con contrato fraudulentos. La principal central sindical, la CIG, así como el resto de centrales sindicales, debería de convocar huelgas generales y sectoriales por ciudades para conseguir la completa remunicipalización de los servicios públicos. Otras acciones pueden ser las campañas, acciones, encierros.

Pero para que sean efectivas, estas remunicipalizaciones tienen que hacerse sin indemnización alguna a las empresas que se han lucrado con los servicios públicos. Y, además, el control de trabajadores y usuarios es el único modo de garantizar un servicio que satisfaga las necesidades sociales, sin que exista corrupción de las administraciones públicas.

¿Qué izquierda necesitamos?

La política de continuos fracasos de la “nueva izquierda” no es más que el reflejo del respeto absoluto a la legalidad vigente, mientras no se plantea ninguna acción de movilización social para romperla. Así, estos gobiernos se encuentran en un callejón sin salida donde son incapaces de hacer frente a las promesas que hicieron.

En un reverdecer de la lucha social, es necesario canalizar esta energía social hacia un plan de lucha contra el gobierno y los recortes. Cientos de miles de mujeres se manifestaron contra la violencia machista, los estudiantes salieron a las calles el 9 M y surgen nuevas luchas obreras contra los despidos y la precariedad. En Galicia, cientos de miles confiaron en las promesas de las mareas, pero experimentan ahora sus limitaciones. Para seguir dando la batalla por una sociedad libre y justa, necesitamos una nueva izquierda que sea anticapitalista y de los trabajadores, con un proyecto y un programa que es el único realista para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo pobre.

Una izquierda que defienda el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas, como la gallega, y que esté dispuesta a lucharlo en las calles. Que se proponga acabar con el expolio a nuestra tierra, infestada de eucaliptos, paro, pobreza y emigración. Que luche por expropiar a los expropiadores para dar respuesta a las penurias de la clase trabajadora y la juventud precarizada. No es posible reformar el capitalismo. La única perspectiva realista para conquistar todas las reivindicaciones pendientes es un gobierno de los trabajadores y el pueblo.






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