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ALEMANIA EMPLEO

Alemania, una desocupación históricamente baja que el capital celebra

La tasa de desocupación está en su nivel más bajo desde 1991. Una “cifra récord” que se basa en la precarización, ataque a los derechos laborales y medidas coerción sobre los trabajadores. Estas son las bases del “milagro alemán”.

Lilly Freytag

Berlín

Viernes 6 de noviembre de 2015

Foto: EFE

Los medios burgueses están emocionados – la tasa oficial de desocupación de octubre es la más baja desde hace 24 años. 2,6 millones de personas están oficialmente desocupadas, lo que representa un 6%. Desde los años 90 creció más o menos continuamente para llegar a su máximo con 4,8 millones de personas desocupadas en 2005. Pero el “milagro de empleo” tiene sus raíces en la precarización masiva, medidas de coerción y el empeoramiento de las condiciones laborales.

Precarización y encubrimiento de la realidad

Las cifras encubren una realidad muy diferente. Los adultos mayores de 58 años no son contabilizados, tampoco los trabajadores de “un Euro” o los que cumplen alguna actividad en la Oficina del Trabajo. Estos son algunos de los trucos para encubrir la desocupación.
Pero tampoco cuentan los que ya se resignaron y dejaron de buscar trabajo, que según cálculos de Die Linke son por lo menos un millón de desocupados.
Además del encubrimiento directo hay una cifra aún mayor de personas que padecen un trabajo precario. El contrato a tiempo parcial, trabajadores autónomos, subcontratación o trabajo de jornadas reducidas. Así, la tasa de desocupación empezó a bajar justo después de entrar en vigor las “reformas Hartz” del gobierno de Schröder (SPD) en 2004 que “modernizaron el mercado laboral” como acostumbra decir el discurso oficial.

Según el Instituto de Investigación para el Mercado Laboral y el Empleo (IAB) de la Oficina del Trabajo, en 2014 el 57,8% de las mujeres y el 20% de los hombres tenían jornadas reducidas de trabajo. Comparado con 1991, esto constituye un aumento de un 50% en cuanto a las mujeres y en el caso de los hombres es incluso cuatro veces mayor. La mayoría de estos trabajadores son forzados a trabajar de jornada reducida, sea porque no encuentran mejor trabajo o porque deben cumplir con las exigencias coercitivas de la Oficina del Trabajo, por lo cual se trata de una forma encubierta de desempleo.

En 2013, 1,2 millones de trabajadores tuvieron que solicitar ayuda estatal aunque tenían trabajo. Lo que aumentó entonces es el trabajo mal remunerado y precario. Por eso, la tasa de desocupación baja y el capital celebra.

Crisis e imperialismo

El nivel bajo de la desocupación también es mostrado como una muestra de fortaleza de la economía alemana en tiempos de crisis económica mundial. La economía china afloja cada vez más, los precios de los commodities están muy bajos, los mercados financieros oscilan y, particularmente en Alemania, el escándalo de Volkswagen debilitó a la importante industria automotriz.

La estabilidad relativa de la coyuntura en Alemania se explica por un régimen de acumulación basado en las reformas laborales de la Agenda 2010. El capital alemán logró domesticar a miles de personas a través de las Oficinas del Trabajo y someterlos a la sobreexplotación, sin seguridad laboral. La burocracia sindical tuvo su importante rol en esta transformación ya que mantuvo pasivos a los trabajadores mientras fue cómplice en la aplicación de despidos masivos y la precarización a capas cada vez más amplias de trabajadores.

Por otro lado, la estabilidad se basa en la influencia imperialista del capital alemán en la periferia europea y más allá. El “campeón de las exportaciones”, Alemania, vende a nuevos mercados mercancías producidas por los trabajadores precarizados a costos bajísimos, para venderlas y utilizar el capital excedente.

Pero hay varios datos negativos de la coyuntura económica, lo que se refleja en una tasa de crecimiento esperado de un 1,7%, lo que demuestra claramente que la estabilidad económica de Alemania no puede ser de larga duración en el marco de una situación económica mundial frágil.

La mayoría de los artículos de la prensa burguesa hacen referencia a la posible influencia de los refugiados sobre la tasa de desocupación. Según algunas encuestas, un 44% de la población teme que la desocupación aumentará (fuertemente) en los próximos años debido a los refugiados. El hecho de que los medios se emocionen tanto por las cifras actuales anticipa que la posible alza de la desocupación en los próximos años será utilizada para dividir a la clase trabajadora. El capital busca aumentar sus ganancias, en la competencia imperialista, a costa de los explotados y oprimidos. Por eso la fortaleza del capital nunca es favorable para los trabajadores.

La desocupación, para quienes la sufren, significa miseria y segregación, producto del sistema capitalista. Los empresarios no son capaces de “combatir” la desocupación, más que mediante la precarización y el engaño de las cifras. Tomar medidas concretas para enfrentar la desocupación significaría atacar directamente sus intereses. Por eso, una demanda tan simple como repartir el trabajo entre todos los trabajadores (y los refugiados son parte de ellos, aunque no tengan derecho a trabajar) con el mismo salario, choca con los límites del sistema capitalista.






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