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Bernie Sanders juega con drones

El precandidato dijo que usaría drones (aviones no tripulados) en la “guerra contra el terrorismo”. La respuesta desilusionó a muchos de sus seguidores. ¿Es Bernie Sanders un candidato antiguerra?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 1ro de abril de 2016

En una entrevista de televisión, el precandidato demócrata Bernie Sanders dijo que si fuera presidente no dejaría de utilizar drones (aviones no tripulados) que atacan ciudades en Medio Oriente, como parte de lo que Estados Unidos denomina la “guerra contra el terrorismo”. Sanders se limitó a decir que restringiría su uso para evitar que “muera gente inocente”. Hay que tener en cuenta que el uso de aviones no tripulados está mundialmente cuestionado por la cantidad de muertes civiles que ha provocado.

El senador por Vermont, que desafía a la candidatura “natural” de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, dio a sus seguidores una píldora difícil de tragar. Dijo que “hay momentos y lugares donde los ataques con aviones no tripulados han sido efectivos”.

En una entrevista con el comité editorial de Los Angeles Times, Sanders aseguró que no quiere ver “hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas comprometidos en guerras perpetuas. Ahora, ¿creo que los ataques aéreos han sido útiles para crear una situación en la que el Estado Islámico ha perdido, según entiendo, cerca del 20 % del territorio que ocupaba el año pasado? Por supuesto”.

Pero, ¿no era Bernie Sanders un candidato antiguerra? No precisamente. A pesar de que muchos de sus seguidores se oponen mayoritariamente a las políticas guerreristas de Estados Unidos, Sanders nunca ha cuestionado seriamente la política exterior imperialista. Y su opinión sobre el uso de drones confirma que no se diferencia demasiado de Hillary Clinton en este tema, como él mismo lo ha declarado en varios debates.

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De hecho, después de los ataques del 11S en 2001, Sanders se unió al apoyo casi unánime de la “guerra contra el terrorismo”, y votó a favor de la resolución de Autorización del uso de la fuerza (aunque sus partidarios señalan que más tarde se opuso a diferentes puntos particulares).

Pero esa no fue la última votación de Sanders en apoyo a la política exterior de Estados Unidos. En 2014 el senador apoyó la resolución unánime del Senado para respaldar al Estado de Israel en el bombardeo y la invasión de Gaza.

Su discurso contra las corporaciones y los bancos, su campaña por educación universitaria y acceso a la salud gratuitas, y el apoyo a la campaña nacional por el salario mínimo de 15 dólares la hora, han despertado el entusiasmo de miles de jóvenes en todo el país.

Y si Sanders ha fortalecido su (limitada) retórica contra las consecuencias de la política exterior de Estados Unidos ha sido sobre todo por el rechazo que generan las guerras y las ocupaciones imperialistas en su propio país.

Sanders, en coincidencia con Clinton y el resto del establishment demócrata, está más preocupado por evitar el rechazo que generan en gran parte de la población las bajas estadounidenses en la guerra. Y para demostrar que “no es un pacifista”, no tiene problemas en decir que le gustaría ver mayor presencia de Estados Unidos para combatir al Estado Islámico (Bernie Sanders discusses his prospects of beating Donald Trump with the L.A. Times editorial board).

Este no es un detalle o un comentario al pasar. La carrera legislativa de Sanders confirma sus declaraciones. Sus posiciones sobre política exterior representan quizás una de las mayores contradicciones con su base electoral, mayoritariamente antiguerra y progresista.

La campaña de Bernie Sanders se mantiene a pesar de que los medios y el propio establishment del partido demócrata sugieren constantemente que es momento de abandonar la carrera. Pero el principal obstáculo no es el candidato sino sus votantes, que han recaudado millones de dólares, superando incluso la campaña de Obama de 2008 (la de mayor recaudación hasta ese momento) y se resisten a nominar a Hillary Clinton sin dar pelea.

La candidatura de Bernie Sanders y la de Donald Trump del lado republicano vienen expresando la crisis que existe con el establishment político en Estados Unidos. Por izquierda y por derecha, los outsiders siguen siendo los protagonistas de esta etapa de la carrera presidencial.

Esta controversia en torno a la política exterior solo confirma que Sanders ha sido hasta ahora el vehículo de expresión de un fenómeno político que lo excede ampliamente. Si la juventud lo adoptó como “su” candidato fue más por su calidad de outsider, porque su retórica ha sabido hacerse eco del descontento con las elites de Washington y Wall Street, y por los aspectos progresistas de su programa, que por su elección de competir en la interna demócrata.

La gran incógnita que se mantiene abierta es si el fenómeno que se ha expresado electoralmente alrededor de Bernie Sanders tiene fecha de vencimiento o si seguirá desarrollándose una vez terminadas las primarias.

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