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Bilbao: multas por grabar la violencia policial en el confinamiento

Cada día las fuerzas represivas actualizan en televisión las cifras de sanciones y detenciones del confinamiento, como un parte de guerra. En el bilbaíno barrio de San Frantzisko vemos en qué se concreta: estado policial, amenazas y multas a quienes grabaron una brutal agresión de la Ertzaina.

Jueves 16 de abril | 08:42

Estos días nos imponen el #quédateencasa con militares y policías en las calles, hasta que nos toca ir a enlatarnos en el transporte público y trabajar, en muchos casos sin medidas de seguridad. Entre discursos que le lavan la cara a la Policía, comparándolos con los sanitarios, no está de más recordar que los sanitarios no están golpeando a nadie por la calle.

En San Frantzisko saben de qué se trata. En las calles de este barrio bilbaíno las actuaciones policiales con perfil racial no son una novedad, pero se han multiplicado estos días en el estado policial en que vive este vecindario con importante población migrante, símbolo del acoso policial durante la cuarentena en barrios populares de todo el Estado.

El domingo 29 consiguieron grabar uno de los abusos policiales más difundidos de este confinamiento. La Coordinadora de grupos de los barrios de Bilbao La Vieja, San Francisco y Zabala y Red de Solidaridad de San Francisco está recopilando los testimonios y pruebas gráficas de estas actuaciones.

Según muestran estos vídeos, un joven con un trastorno mental había bajado a comprar cuando fue detenido, multado y agredido por la Ertzaina en la calle San Frantzisko. Su madre bajó a la calle a explicar que su hijo tenía un trastorno mental y pedir que lo llevaran con él, cuando fue golpeada en la cabeza hasta caer desplomada en el suelo, donde permaneció inmóvil, sin atención médica y tapada por los escudos de la Ertzaina.

Según denuncia la coordinadora vecinal, tras una cacerolada de protesta a las 21h y publicar los vídeos de la agresión, los días siguientes la Ertzaina apuntaba con linternas por la noche a las ventanas de los edificios contiguos y continuó el despliegue en las calles del barrio. Así mismo, recogen un testimonio de detenciones como represalia a la grabación y difusión de la agresión:

“Dos días más tarde me tocaron el timbre dos municipales, una mujer y un hombre, los mismos, según me dijeron ellos, que habían participado en la detención del chaval. Venían a ponerme una denuncia. Me identificaron y dijeron que me llegaría por vía judicial por haber interferido en el trabajo de las fuerzas del orden, que tenían testigos de insultos y violencia contra la policía”

¿Porras y pistolas contra el #COVID19?

¿Por qué ante una crisis sanitaria y social, la respuesta prioritaria de los gobiernos está siendo reforzar el papel del Estado, llenar las calles de policía y ejército? ¿Se pretende combatir un virus microscópico con porras y pistolas?

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Es difícil sentir protección por una institución con un largo historial de represión, abusos y torturas. Es difícil sentir protección por una policía plagada de ultraderechistas que deben estar viviendo un sueño húmedo de poder y control social. Ya se están produciendo razzias policiales, detenciones arbitrarias de inmigrantes, multas astronómicas, hostigamiento en los barrios más deprimidos… como ya están denunciando colectivos antirracistas como SOS Racismo.

Las medidas punitivas aprobadas para mantener el confinamiento han proporcionado un enorme apoyo a las fuerzas represivas para desatar lo que ya es su naturaleza racista y antipopular. Así, poco después del decreto de alarma se multiplicaron las paradas y detenciones a migrantes y personas racializadas.

La mayor parte de la vigilancia policial de la cuarentena se está concentrando en los barrios obreros y populares, donde además las condiciones de las viviendas hacen del confinamiento una experiencia mucho menos soportable.

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La policía no está patrullando las calles para protegernos de un patógeno microscópico, sino para mantener el orden social y un status quo que pone por encima los beneficios multimillonarios de los capitalistas por encima de la vida de miles de personas, mientras todos esos recursos en manos privadas no se están poniendo al servicio de una lucha decidida contra la epidemia. En lugar de ello, mientras se rescata a las grandes empresas, se refuerza el control y la represión sobre los principales afectados por esta crisis sanitaria: los trabajadores y las clases populares.






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