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CRISIS CLIMÁTICA Y ECOLÓGICA

De la sequía y el incendio a la inundación: en Australia "lo peor está por venir"

Un experto de la Universidad de Monash sostiene que tras la prolongada sequía y la oleada de incendios sobrevendrán condiciones extremas a partir de lluvias generalizadas y temporada de ciclones.

Valeria Foglia

@valeriafgl | Staff Ecología y medioambiente

Martes 7 de enero | 14:26

Stirling Range National Park, Perth, suroeste de Australia | Foto: Ryan Pollock

“Lo peor está por venir”. Con esa categórica frase, Neville Nicholls, profesor emérito de la Escuela de la Tierra, la Atmósfera y el Medio Ambiente de la Universidad de Monash, ensaya pronósticos de futuras crisis en un artículo en la publicación de divulgación científica The Conversation. El título no deja lugar a dudas: "Los incendios forestales son horrendos, pero también esperen ciclones, inundaciones y olas de calor".

La propia universidad está en Victoria, uno de los estados más golpeados por la crisis de los incendios forestales que sacuden el sur de Australia desde septiembre. El premier de ese estado, Daniel Andrews, declaró recientemente el estado de desastre.

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Para el profesor Nicholls, aunque es lógico y correcto que la atención pública siga pendiente de la “desastrosa crisis de los incendios forestales”, no hay que descuidar “otros desafíos meteorológicos y climáticos que se avecinan este verano”. Se refiere a la temporada de ciclones que se prepara en el norte de Australia, mientras el pico de la ola de calor en el sur todavía no ha llegado. Muchas partes del país oceánico, añade, pueden esperar fuertes lluvias e inundaciones. Un desafío a los servicios de emergencia y a las propias comunidades afectadas, gobernadas por ajustadores y lobistas de la minería del carbón, en algunos casos, y negacionistas de la crisis climática, en otros.

Viene la inundación

El 2019 fue el año más seco del que se tenga registro en Australia, algo que correctamente había anticipado la Oficina de Meteorología. Se espera que las condiciones para la golpeada nación se alivien en el verano (de febrero a abril), lo que incluiría más lluvia.

Difícil de prever, a causa del cambio climático acelerado que experimenta el sistema terrestre, cuándo las lluvias llegarán a Australia para romper la prolongada sequía que alimentó las llamas devastadoras. Solían darse entre enero y mayo en el pasado, advierte el profesor emérito Nicholls, y aunque todos en el país esperan con ansias su llegada, lo cierto es que las fuertes lluvias generalizadas entrañan otros riesgos, como las inundaciones, especialmente aquellas repentinas y potencialmente letales.

El experto recuerda que la década de sequía que culminó en 2009 fue seguida de dos años extremadamente húmedos, con graves inundaciones como las que también acaban de ocurrir en Indonesia, otro de los países cuya prolongada sequía y el agroextractivismo ocasionaron, en el marco de temperaturas récord, una oleada de incendios devastadores. Días atrás, Indonesia sufrió fuertes inundaciones y avalanchas, con el saldo de más de sesenta personas fallecidas.

Las lluvias fuertes representan un problema extra si se considera que los incendios en los bosques tropicales australianos dejaron el suelo pelado, destruyeron vegetación, árboles y pastizales. No habrá defensa que contenga la impetuosa fuerza de tormentas generalizadas. Para Nicholls, en esta oportunidad también sería el norte de Australia el afectado por este fenómeno extremo.

Se estima que el alivio de las lluvias generalizadas, que cortarán la sequía en el sur australiano y sofocarán las llamas, causará inundaciones, dando lugar a más fenómenos climáticos extremos y una mayor demanda de servicios de emergencia. Mientras sistemáticamente recortó presupuesto para áreas sensibles como el servicio de bomberos, el Gobierno australiano encabezado por el conservador Scott Morrison reclama aportes de la población vía Cruz Roja.

Ciclones y ola de calor

Como si sequía, incendios forestales masivos y posibles inundaciones no bastaran, la temporada de ciclones, largamente retardada, está dando señales de aparecer en un futuro próximo. Nicholls advierte que, aunque los ciclones traigan consigo las necesarias lluvias, también implican el peligro de más inundaciones y daños a causa de los fuertes vientos.

"El calentamiento global ya está alargando la temporada de incendios y haciendo que las olas de calor sean más intensas, más frecuentes y más largas. También aumenta la probabilidad de fuertes lluvias y empeora las sequías", dice Nicholls.

Todavía no se ha alcanzado el pico máximo para la ola de calor en el sur australiano, que se calcula para comienzos de febrero. "Lo peor está por venir", alerta Nicholls, y destaca la importancia de las advertencias por parte de las autoridades y la Oficina de Meteorología, que no deben relajarse.

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"La sequía, los incendios y las olas de calor recientes, exacerbados por el calentamiento global, han sido devastadores. Pero imaginen si solo tuviéramos las limitadas capacidades de pronóstico del tiempo de hace unas décadas, sin las computadoras de alta velocidad de hoy en día para ejecutar modelos de pronóstico del tiempo y satélites para alimentar enormes cantidades de datos. ¿Cuánto peores habrían sido los impactos?", se pregunta el especialista.

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