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GOBIERNO PSOE-UP

Escrivá propone jubilarse a los 75, "ordenar" la inmigración o te culpa de no recibir el IMV por no saber que eres pobre

Jubilarse a los 75 años, una inmigración "ordenada y acorde a las necesidades del mercado laboral" o no haber recibido el Ingreso Mínimo Vital por no darse cuenta de que eres pobre. La entrevista al ministro Escrivá desvela los auténticos deseos para la clase trabajadora del gobierno "más progresista de la historia".

Lunes 27 de septiembre | 10:23

Hace unos años, quien fuera presidente de la CEOE, Joan Rosell, afirmó que las «las huelgas eran una antigualla del siglo XIX» (en paráfrasis). Nunca dejó de resultar irónico este ataque, ya que la CEOE y los sucesivos Gobiernos se han empeñado en traer al Estado Español las condiciones laborales del siglo XIX.

El Gobierno progresista no es una excepción. En una entrevista al periódico Ara, José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, ha explicado cuál es su plan para salvar las pensiones: aproximar la edad de jubilación a la edad legal (65 años con más de 37 años y tres meses cotizados, y 66 si son menos). Ha arremetido contra la gente que decide, teniendo suficiente cotización, jubilarse antes de hora.

Sin embargo, esto no es todo. El retraso de la edad de jubilación es casi un hecho consumado (hasta 67 para 2027). La “hucha de las pensiones” ha caído en 10 años de más de 66 millones a 2.1. Esto se hace en un contexto de crisis, de mayores recortes, contratos basura, salvatajes a los bancos (70.000 millones no han sido devueltos), cobertura a los empresarios para hacer contratos «flexibles» y evadir impuestos.

Pues bien, Escrivá no ha dicho una palabra de esta lacra de precariedad y atraco a las pensiones. Ningún ministro de Gobierno progresista ha hablado siquiera de una medida para hacer que las grandes fortunas contribuyan más al sostén de las pensiones, no digamos ya tirar abajo la reforma laboral. Para él, el problema del sistema de pensiones es que la gente quiere dejar de trabajar demasiado pronto. Y ha rematado que hace falta un «cambio cultural» para comprender que la edad óptima para jubilarnos bien podrían ser los 75 años.

La mentalidad del Gobierno PSOE-UP es que si las pensiones caen no se deben a las amnistías fiscales, a los rescates millonarios, a las evasiones de los más ricos y a la precariedad laboral de los más pobres. La solución es que la clase trabajadora se vea obligada a cotizar más, a jubilarse al borde la muerte. Los números salen: cuanto más tarde menos se gastarán en las pensiones y más dinero entrará.

Cuando se le ha preguntado el modo en que esto se haría efectivo, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migración ha respondido que mediante incentivos. Ha recordado que no se puede sustituir el trabajo juvenil por el senior» (recordemos que la tasa de paro juvenil es de 36%, la mayor de Europa). Ante esta contradicción, Escrivá ha hablado de reciclar a los más mayores para que no se quede obsoletos, reciclando su labor dentro de la empresa.

Llegados a este punto de la entrevista caben dos opciones: la primera, poco plausible, que Escrivá carezca de contacto con la realidad. La segunda, más coherente, que el llamado Gobierno progresista va a aplicar las medidas neoliberales pertinentes para tratar de poner al servicio de las empresas un ejército de trabajadores desechables dispuestos a trabajar hasta el último aliento.

Si quedaba alguna duda de las intenciones del Gobierno, Escrivá ha ido más lejos en su planteamiento. Ha señalado tres aspectos que ayudan a reforzar las pensiones, en su opinión. Por un lado, una variable es la inmigración, muy marcada en los últimos meses por la disputa con Marruecos y la llegada de los talibanes en Afganistán. Para él, ésta debe darse de forma ordenada y acorde a las necesidades del mercado laboral.

Suponemos que se refiere a que, si existe posibilidad de negocio, explotando a inmigrantes en las peores condiciones laborales que pueda existir (v. g. los temporeros), son más que queridos. Eso sí, que coticen y no exijan sanidad púbica universal, derechos laborales y que vivan en barrios chabolistas en condiciones peligrosas y precarias.

Respecto a los ERTEs, medida estrella del Gobierno y que han dejado a muchos trabajadores fuera del mercado laboral consecuencia de las reconversiones empresarias, como era de esperar, no ha hecho tan siquiera un balance crítico que pretende solventar las negligencias. Para él todo pasa por reincorporar a estos trabajadores al mercado laboral a través de planes de formación dentro de las empresas.

Por último, respecto a los autónomos, pretende incentivar que prosigan con sus negocios a base de exoneraciones. Esto, que pudiera parecer un buen incentivo, no hará más que reforzar a los grandes empresarios, los cuales siguen teniendo ganancias millonarias y explotan a cuanto trabajador cae en sus manos; y a los pequeños empresarios, que tengan un negocio humilde, les forzará a mantenerse abiertos hasta la edad máxima de jubilación.

Las perspectivas que tiene en la cabeza Escrivá para la clase trabajadora son, sencillamente, de miseria: grandes empresas protegidas por el Gobierno mientras los trabajadores deben desgañitarse para llegar a fin de mes y su jubilación sólo llega cuando el cuerpo no se aguanta. Frente a esta situación cabría preguntarse por la otra «medida progre» del Gobierno: el Ingreso Mínimo Vital.

Frente a esto Escrivá no podía haber sido más clasista, haciendo unas declaraciones tan neoliberales que harían sonrojar al mismísimo Milton Friedman. Hay un 9.5% de la población que vive bajo el umbral de pobreza, una tasa de paro del 14.5%, un 36% de jóvenes que no puede conseguir empleo ni pagarse estudios a consecuencia de ello. Hablamos de más de 3.5 millones de personas sin empleo. Pues bien, el IMV sólo ha sido concedido a 350.000 personas (una décima parte). Contra esto, 7 de cada 10 solicitudes para obtener el IMV han sido denegadas.

¿Cómo puede ser que ante la patente miseria el Gobierno no acepte las ayudas que tanto han promulgado como un éxito? Para Escrivá, estos rechazos se deben a que mucha gente no entiende realmente que «hay una gran distancia entre la percepción que uno tiene sobre cómo es de pobre y sobre su situación de vulnerabilidad y la realidad». La verdad es que resulta comprensible la preocupación de Escrivá, después de todo durante la pandemia se salvaron empresas que se decían en bancarrota a pesar de haber ganado millones durante la misma.

Ironía aparte, lo temible de la entrevista es que la visión de Escrivá representa el auténtico imaginario del Gobierno progresista. Su agenda neoliberal de precarización laboral y recortes es consecuente con las políticas de austeridad de Gobiernos anteriores. Los falsos gestos progres no logran maquillar las reales políticas económicas que hunden más en el fango a la clase trabajadora, que tiene frente a sí la organización y lucha contra las empresas que el Gobierno protege bajo su ala.






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