Cultura

NAVIDAD Y PRECARIEDAD

Espíritu navideño, trabajo precario y un gasto de 684€ por cada hogar

Gastar es el mantra del optimismo en Navidad. Desde antes del inicio de las fiestas, el bombardeo consumista redobla su intensidad, como corresponde a toda campaña de ventas. En anuncios televisivos, en las vallas publicitarias, en los periódicos y noticieros, en las mil veces emitidas películas de temática navideña se repite la misma estampa.

Martes 5 de enero de 2016

Foto: Taller en Yiwu (China)

Familias que se reúnen bajo una atmósfera patriarcal modélica, en torno a elevados gastos en regalos y comida a precios inflados, y a costumbres arraigadas en la tradición cristiana y en la publicidad de los grandes almacenes.
La Navidad configura una serie de clichés en torno a un halo de consumismo que se sustentan en las ganas de olvidar la habitual precariedad y explotación que acompaña el resto del año.

No hay Navidad sin el anuncio de la Lotería, que se convierte en una recaudación millonaria para el Estado y la esperanza de abandonar las estrecheces para miles de familias, pero tampoco sin adornos navideños fabricados en su mayor parte por trabajadores de países semicoloniales en condiciones de casi esclavitud, ni sin el reaccionario mensaje de la Casa Real a la hora de las cenas familiares, ni sin anuncios sexistas, ni sin un Papá Noel actualizado por la Coca-Cola a principios de siglo XX.

La Navidad parece una época para comprar aunque el poder adquisitivo disminuya. Para reunir a la familia, aunque más de 1.250.000 personas hayan emigrado del Estado Español desde el inicio de la crisis. Y para hablar del espíritu navideño de solidaridad y enfocar la cámara hacia los comedores sociales que dan de comer a miles de trabajadores empobrecidos, pintando de “generoso” hasta al más codicioso e hipócrita de los capitalistas, al estilo del Mr. Scrooge del Cuento de Navidad de Charles Dickens.

Según una encuesta de la consultora Deloitte, durante la campaña navideña de 2015-2016 en cada hogar se gastan una media de 684€ en comida, regalos y ocio, un 10% más que el año pasado, primando como principales motivaciones para aumentar el gasto “Quiero disfrutar y evitar pensar en la crisis” en primer lugar y “Me han convencido las promociones” en segundo lugar, frente a “Mis ingresos han aumentado” en tercer lugar.

Es la época de los Black Fridays. La época en la que las relaciones familiares que no tenemos tiempo a desarrollar a lo largo del año se compran con regalos para los adultos, y a los niños con los juguetes que Papá Noel lleva en un trineo de las fábricas del Sudeste Asiático a las casas de las familias occidentales.

Las navidades son también un producto, al igual que el capital convierte en mercancía todo lo que toca, desde los obreros hasta sus sentimientos. Las ansias de salir de la crisis que padecen todos los días miles de familias trabajadoras, es un sentimiento a explotar por los empresarios que buscan aumentar sus ventas en Navidad, intentando crear la necesidad de demostrar en Navidad un poder adquisitivo irreal, a través de sus medios y publicidades.

Sin embargo, esas ganancias las obtienen precisamente a costa de la explotación de trabajadores en las fábricas y comercios que disparan su producción y ventas en navidad, siendo en más del 90% de los casos, trabajadores temporales únicamente contratados para la campaña navideña.

Los horarios extenuantes, los salarios de miseria, los contratos laborales de días de duración o las horas extras mal pagadas están a la orden del día, como denuncia la plantilla en lucha de los grandes almacenes El Corte Inglés, impulsando acciones de boicot y protesta frente a una empresa emblema de la explotación, la represión sindical y la promoción de valores reaccionarios, que además demanda a jóvenes perseguidos por protestar contra sus políticas.

A los capitalistas no les importa ni la Nochebuena, ni la Nochevieja, ni la vida familiar de la clase trabajadora, les importa los beneficios que puedan redoblar a su costa en la campaña de diciembre y enero. El espíritu navideño excluye a quienes se quedan trabajando de día o de noche.






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