Sociedad

CORONAVIRUS

¡Fuera chivatos de los balcones!

Se han ido haciendo populares los aplausos a los sanitarios y trabajadores desde los balcones y ventanas. Sin embargo, hay otro fenómeno que no pasa desapercibido: los insultos y vejaciones que algunos vecinos hacen desde sus balcones a todos aquellos que ven en la calle.

Jose Lavín

Madrid

Viernes 27 de marzo | 17:48

Ya son multitud las quejas de trabajadores que son insultados cuando van a trabajar. La misma situación padecen familiares que acompañan a personas dependientes. Es por esto por lo que, desde redes sociales se alerta de la proliferación de un singular espécimen: el policía de balcón. La pandemia también saca lo peor de algunas personas.

Los casos de acoso desde las ventanas desde que se decretó el estado de alarma son cada vez más frecuentes, una situación que sufren especialmente los y las profesionales sanitarios cuando van a trabajar, los trabajadores y los familiares de personas dependientes. Algunas excepciones del decreto de estado de alarma son aquellos casos en que una persona vaya a hacer la compra, asistir al médico u otro servicio, acuda al centro de trabajo, tenga que cuidar de mayores, menores o personas dependientes, entre otros. En todos estos casos, salvo en el último, la persona no puede ir acompañada.

Ante las quejas de acoso de muchos familiares y cuidadores de personas dependientes o con diversidad funcional, las autoridades sugieren ahora dar los paseos con chalecos reflectantes o un lazo verde en el brazo. Pero muchos cuidadores se niegan a tener que ir marcados y justificando por qué salen a la calle. “Los vecinos no tienen autoridad para hacer de justicieros” afirman.

A lo largo de la cuarentena, además de estos cuidadores, hay multitud de personas que tienen que seguir saliendo a la calle porque no tienen otra opción más que seguir trabajando. Es el caso del profesional sanitario, celadores, personas que trabajan en servicios de limpieza, técnicas de laboratorio, cajeras de supermercado, las cuales han llenado Twitter con muestras de enfado por la impunidad de estos chivatos y “policías de balcón” que se toman la justicia por su mano. Es también el caso de muchos trabajadores y pequeños autónomos de sectores no esenciales que permanecen abiertos, exponiéndose al contagio, pero que no pueden elegir no ir a trabajar por miedo al despido o por falta de ingresos. En muchos de los casos, además de ser insultados a gritos, les han lanzado escupitajos y huevos.

El virus de la prepotencia y el morbo de sentirse con la autoridad de dar órdenes a la gente ha arraigado fácil entre muchas personas que se meten donde no les llaman. Dice un tuitero: “Han insultado gravemente a una madre por ir con su hijo por la calle. El pequeño es autista y tiene permiso para salir a la calle”, en un mensaje otra persona denuncia que “se meten conmigo desde sus ventanas cuando voy a trabajar al hospital, luego saldrán a las 8 a aplaudir los muy cabrones”. El miedo, unido a la presencia constante de la policía en las calles, no ayuda, sino que crea un ambiente enrarecido. Esta vigilancia 24 horas, las denuncias, órdenes y gritos desde balcones es comparada por muchos trabajadores con los aplausos que reciben a las 8. Antes que recibir aplausos “preferiría que no me insultaran” dice una trabajadora.

No podemos olvidar que esta actitud individual de “vigilantes” por parte de determinadas personas está incentivada con la militarización de las calles y el empleo de la ley mordaza. No son hechos aislados. La confinación obligatoria de millones de personas es una respuesta a la pandemia más propia del medievo que de una sociedad científica y medicamente desarrollada, y que trae consigo la centralización del poder, la restricción de libertades y la militarización. En vez de dotar de recursos a los hospitales y de hacer test masivos a la población, que es lo que recomienda la OMS, los gobiernos están priorizando reforzar el papel represivo del Estado, llenando las calles de policía y ejército. Simultáneamente proliferan los lavados de cara a las fuerzas represivas, a la monarquía y a los grandes empresarios.

La inmensa mayoría de las personas que salen a la calle en esta cuarentena, exponiéndose al contagio, no lo hacen por placer. Esto deberían tenerlo en cuenta todas aquellas personas que denuncian. Si bien es cierto que buena parte de estos trabajos son fundamentales, el gobierno del PSOE y UP no ha decretado el cierre de aquellas actividades económicas que no resultan esenciales para paliar la crisis del coronavirus. Es más, la mayoría de los centros de trabajo apenas están dotados de garantías de salubridad y medios de protección ante la pandemia. Esta es una decisión que más bien queda en manos de los empleadores, quienes priorizan sus ganancias a la salud de las plantillas.

Es esta gestión completamente irracional de la crisis por parte del gobierno y los capitalistas la que debe ser denunciada desde balcones, redes sociales y centros de trabajo. Los recortes del PSOE y el PP en servicios públicos tampoco pueden ser olvidados, ni cómo la policía reprimió a los sanitarios en 2012 cuando se manifestaron contra los recortes, la precariedad y la extensión de la subcontratación en la sanidad pública.

Desde Izquierda Diario ponemos todos los medios que están en nuestras manos para criticar la gestión de la crisis por parte de los gobiernos que se atreven a desplegar el ejército y encerrar a millones de habitantes en sus casas, pero que no se atreven a tocar un ápice de las ganancias de los grandes empresarios, obligando a exponerse al contagio a millones de trabajadores.






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