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FIESTA DEL PCE

Iglesias responde a un escrache con la cantinela estalinista de “provocadores que hacen el juego a la derecha”

El fundador y ex secretario general de Podemos ha sufrido un escrache durante su intervención en una charla celebrada en las fiestas del PCE. La respuesta de Iglesias ha sido una demostración del espíritu carrilista y burocrático que sigue vivo en el neorreformismo actual.

Sábado 25 de septiembre | 15:42

El exlíder de Podemos desde su fundación hasta las pasadas elecciones autonómicas de Madrid, cuando tras una contundente derrota se retiró a su lujosa casa en Galapagar, ha sufrido hoy un escrache durante su intervención en una charla organizada en las fiestas del PCE.

Un grupo de activistas del movimiento antirrepresivo ha acudido al lugar para denunciar ante Pablo Iglesias y el resto de las dirigentes de Unidas Podemos, que nada ha cambiado con la integración de sus organizaciones en el gobierno del Estado Español. Desde la organización de la charla han respondido cortando el streaming de la emisión y reanudándolo tras expulsar a los activistas.

En el comunicado que acompañaba a la acción los activistas denuncian la hipocresía de los ministros de Unidas Podemos, o el propio Secretario de Estado que es al mismo tiempo Secretario General del PCE, Enrique Santiago, que desde las mesas de las fiestas del PCE hablan de derechos para los trabajadores o antifascismo mientras forman parte de un gobierno que no ha derogado la Ley Mordaza, manda a la policía a reprimir manifestaciones y tiene presos políticos.

En ese momento, Iglesias ha aprovechado para contestar al escrache con la típica soberbia estalinista a la que ya nos tiene acostumbrados. El exdirigente de Podemos ha acusado de “provocadores” y de ayudar a la extrema derecha a quienes han acudido al lugar para lanzar críticas a su partido. Además, ha alabado la actitud y acción de los servicios del orden al expulsar a los críticos del espacio, afirmando que es una “obligación militante” el “proteger” los espacios de los llamados provocadores. Iglesias ha concluido su respuesta diciendo que estos activistas críticos, a los que llama provocadores, se merecen “toda la contundencia de la militancia popular y comunista”.

No sabemos donde veía comunistas Iglesias en aquel lugar, porque se encontraba en las fiestas de un partido que pactó con la monarquía; que defiende las instituciones capitalistas y ahora las gestiona dentro del gobierno imperialista del PSOE; que avala la represión a la juventud; que avala las políticas racistas del Estado Español; y que lleva décadas acusando de provocadores a quienes denuncian su nefasta influencia en el movimiento obrero. Eso, por mucho que quieran tergiversar a Marx no es ser comunista, aunque la ministra Yolanda Díaz afirme que “existen muchos marxismos”.

Pero si tiene razón el señor Iglesias en que el servicio de orden del PCE tiene una gran experiencia en expulsar militantes y activistas críticos con las decisiones de la dirección del partido. Históricamente han jugado un rol fundamental desde la época de la Transición como fuerza de choque con la que el PCE hizo avanzar en el movimiento obrero sus políticas de traición y entrega.

Un repaso a la historia de los grupos de choque del PCE contra el movimiento obrero

Las alabanzas de Iglesias al servicio de orden casan muy bien con el espíritu carrilista que el exdirigente de Podemos ha mantenido en su actividad política y que son una herencia del rol que el PCE ha jugado desde la Transición. En aquel momento, precisamente las actitudes que el señor Iglesias ha defendido y admirado en el acto fueron las que permitieron a Santiago Carrillo y otros dirigentes estalinistas ahogar los fuegos del movimiento obrero, ganándose de esta manera su integración en el régimen del 78 al demostrar su utilidad a la burguesía española.

El PCE actuó de bombero en un momento en el que se producían sucesos como las huelgas de Guipúzcoa y Vizcaya donde hubo más de 250.000 huelguistas en defensa de la amnistía de los presos; huelgas por el transporte y la enseñanza; huelgas generales como las del 2 de noviembre de 1977 donde se suman 2 millones de huelguistas, la mayor movilización obrera desde la época de la II República.

Un buen ejemplo de esto fue la respuesta del PCE ante el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha donde el servicio de orden, permitió a los dirigentes estalinistas pasivizar las calles en un momento de rabia en que, en vez de encabezar una huelga general con la que confrontar a las bandas fascistas que regularmente asesinaban militantes de izquierda, Carrillo y los suyos prefirieron calmar los ánimos de la clase obrera y pasear pacíficamente durante la marcha convocada en el entierro de los abogados asesinados.

En aquel momento, el servicio de orden encuadró dicha manifestación y obligo a que se desarrollase en silencio y sin pancartas reivindicativas. Cabe destacar que horas antes de esta acción, habían aparecido por los barrios obreros convocatorias desde abajo llamando a la huelga general y los paros espontáneos habían logrado mover a 300.000 huelguistas, lo que indica que no se trataba de una debilidad de fuerzas, sino de una acción consciente por parte del PCE de rendirse antes de pelear. También en 1977, Carrillo al igual que hace ahora continuamente Iglesias en 2021, acusó de provocadores a quienes lanzaban desde la base llamados a la huelga y a la lucha contra el régimen.

Aquella decisión de la dirección del PCE les valió para demostrarles a la burguesía española su capacidad para pasivizar las calles y evitar los estallidos sociales. Una capacidad que les permitió pactar con el régimen su legalización e integración en las instituciones de este a cambio de renunciar a la pizca de radicalidad o rupturismo que pudiera quedarle a la organización eurocomunista en aquellos años. El PCE aparece como una pieza clave para la reforma del régimen y pacta con la monarquía a cambio de su legalización, aceptando al rey Juan Carlos I, la bandera rojigualda y la unidad de España, negando por tanto el derecho de autodeterminación.

Durante los meses siguientes a la legalización, nuevamente el servicio de orden aplicará “la contundencia de la militancia popular y comunista” que en 2021 reivindica Iglesias, al reprimir a los militantes de su propio partido que acudían a los actos con banderas republicanas llamándolos “elementos provocadores”. Un ejemplo histórico de lo reivindicado por el exlíder de Podemos que ha aplicado las mismas tácticas en la construcción de su organización donde las purgas fueron tan frecuentes como comentadas mediáticamente y que expresan muy bien la falta de democracia con la que esta nueva casta política ha aprendido las lecciones del estalinismo clásico.

Como vemos, la integración del reformismo en el régimen del 78 se consiguió con la represión interna dentro del movimiento obrero, una represión a los críticos con la nefasta estrategia que el estalinismo español lleva décadas defendiendo y que hoy en día aplica al gobernar con el PSOE un Estado imperialista.

Si bien las circunstancias son distintas, no lo es el espíritu con el que se ha regido Podemos, donde aquellos sectores más críticos han sido censurados o expulsados y, bajo una pátina de democracia interna con consultas a la militancia sobre la vivienda de Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar, se cubría una dirección con mano dura y poco espacio para los cuestionamientos.

Hoy las palabras de Pablo Iglesias solo vienen a confirmar que la forma cambia, pero el mismo espíritu antidemocrático y burocrático sigue vivo en quienes pactan la derrota de la clase obrera a cambio de sillones en el Consejo de Ministros o en gobiernos autonómicos.






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