Internacional

SáHARA OCCIDENTAL

La masacre de Um Draiga, el largo exilio saharaui y la complicidad del Estado español

44 años desde la peor masacre del ejército de Hassan II contra el pueblo saharaui. 44 años de ocupación y exilio mantenidos con la complicidad del Estado español, Francia y EE.UU.

Jorge Calderón

Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Martes 18 de febrero | 14:06

Esta semana se cumplen 44 años de la masacre de Um Draiga. Entre el 18 y el 23 de febrero de 1976, el ejercito marroquí, bombardeó con fósforo blanco y napalm a miles de saharauis que escapaban de la ocupación de sus tierras tras la Marcha Verde de Hassan II. Las bombas mataron entre 2.000 y 3.000 personas. Todo ello ante los ojos cómplices del Estado español, y la colaboración de Francia y EEUU, las tres principales potencias que se seguirían beneficiando del expolio de los recursos de la excolonia española en las décadas siguientes y hasta la actualidad.

La Marcha Verde, la pasividad cómplice española y el inicio del largo exilio del pueblo saharaui

A finales de noviembre de 1975, las principales ciudades del Sáhara Occidental ya estaban controladas por las fuerzas de ocupación marroquíes. La Marcha Verde avanzó sin problema con la pasividad cómplice del Estado español, la potencia colonial ocupante desde 1884 .

Desde el primer momento fueron numerosas las violaciones de derechos humanos a los que los nuevos invasores someteron a la población saharaui: robos, incendio de casas, detenciones masivas, torturas, desapariciones y asesinatos.

Una joven saharaui, Mariam Mohamed Salem, testigo de los hechos, relató años después: “Por donde pasaban los tanques y los soldados marroquíes, muchos de ellos drogados con hachís, cometieron asesinatos en masa; muchas madres y niños saharauis fueron asesinados simplemente por no decir ¡Viva el rey Hassan II de Marruecos! (…) Obligaban a que todas las casas fueran adornadas con la bandera marroquí y la fotografía del Rey de Marruecos; si no se hacía, se llevaban a la familia entera a la cárcel (…) En la cárcel, las mujeres fueron dejadas a merced de los soldados marroquíes (…). La violación era regla general (…) yo estuve cuatro días detenida por sospechosa de ser miembro del Frente Polisario junto con otras treinta chicas estudiantes. Muchos de los encarcelados o detenidos nunca volvieron”.

Ante tal barbarie, decenas de miles de saharauis cogieron lo poco que tenían para huir hacia los campamentos que se habían instalado en el interior del desierto. La dureza del viaje y de las condiciones en que tuvieron que realizarlo, costaron la vida a cientos de personas, principalmente ancianos y niños, fruto de las altas temperaturas, la falta de agua, de alimentos, enfermedades y agotamiento.

En diciembre de 1975, unas 20.000 personas intentaban subsistir en los campamentos del interior del Sáhara Occidental, sin atención médicas, ni medicamentos y con graves carencias de agua, abrigo y comida. En febrero de 1976, ya eran 50.000 y los alimentos y el agua tuvieron que ser duramente racionados.

La lucha del pueblo saharaui seguirá contando con el apoyo y la simpatía de una parte muy significativa del pueblo del Estado español e innumerables entidades sociales, políticas y culturales. La mejor ayuda a su lucha es denunciar el rol cómplice del imperialismo español. Un apoyo internacionalista, sin la más mínima ilusión en los gobiernos de turno que no dejan de defender ante todo los intereses de las grandes empresas nacionales.

Hassan II comienza el genocidio del pueblo saharaui: la masacre de Um Draiga

El Rey de Marruecos, al que Juan Carlos I definió como un hermano en su funeral, apostó por borrar del mapa a la población saharaui como vía para terminar con la previsible resistencia a la ocupación. Esto incluía no solo a los combatientes del Polisario, sino también a las mujeres, ancianos y niños de los campamentos.

Se empleó a fondo en esta tarea entre los 18, 20 y 23 de febrero de 1976. Durante esas jornadas la aviación marroquí bombardeó el campamento de Um Draiga con fósforo blanco y napalm, armas prohibidas que producen gravísimas quemaduras en la piel y llegan a deshacer la carne y los huesos.

El resultado fue entre 2.000 y 3.000 muertos, la mayoría niños, mujeres y ancianos. Un ataque que perseguía borrar del mapa al pueblo saharaui con métodos de limpieza étnica. Tanto los asesinados como los centenares de heridos, estaban huyendo de las tropas marroquíes hacia Argelia, que se había ofrecido a acogerlos.

Una de las supervivientes, Bella, de la masacre de Un Draiga explicaba en 2015 lo vivido a eldiario.es Bella “Mis hijos estaban jugando cuando empezaron los bombardeos. Les llamé para que viniesen conmigo, pero cuando corrían hacia mí, nos tocó a nosotros”. Vio en primera persona la muerte de uno de sus hijo en el acto, y meses más tarde su bebé moriría fruto de las secuelas del bombardeo. Ella todavía conserva las marcas permanentes en sus muñecas que le recuerdan diariamente el horror vivido.

Otro superviviente, Abubekeren Ben-Nani Abdalame, de 70 años, relataba en el mismo reportaje como “de repente se lanzaron las bombas. Había carne y huesos por todas partes. Una bomba alcanzo a una enfermera que estaba embarazada, partiéndola en dos saliendo el feto disparado”. Solamente en esa ráfaga de bombas murieron 60 personas y entre los heridos graves estaba su madre, que quedó paralítica.

Las operaciones de la aviación marroquí continuaron hasta finales de marzo de 1976. En ese mes Argelia abrió sus fronteras para acoger a los refugiados saharauis en la región desértica próxima a la ciudad de Tindouf.

El inicio de un exilio de 44 años

Muchas de las víctimas de la masacre de Um Draiga se establecieron en el campamento de refugiados de Dajla, uno de los cinco que se establecieron y tomaron por nombre el de las principales ciudades del Sáhara Occidental ocupado: el Aaiun, Auserd, Smara, Dakhla y Boujdour, antes 27 de febrero, día de la proclamación de la independencia de la República Àrabe Saharaui Democrática (RASD) en 1976.

Durante meses el Frente Polisario y la Media Luna Argelina ayudaron a trasladar a decenas de miles de personas hacia esta región segura. Tras esta huida obligada, la población saharaui quedó dividida en dos: los que pudieron huir a territorio argelino y los que se quedaron en los territorios ocupados.

Aquellos que poblaron los campos de refugiados de Tindouf y sus descendientes, continúan allí 44 años después con enormes dificultades. Los que quedaron en el Sáhara ocupado sufren desde entonces una brutal persecución y represión, con torturas, detenciones, desapariciones, violaciones y asesinatos.

Son ya miles los muertos y desaparecidos de estas largas cuatro décadas, además de cientos de presos políticos de los que apenas se sabe nada. Uno de los principales centros de detención y tortura, la Cárcel Negra del Aaiun, mantiene a decenas de ellos privados de libertad y sometidos a torturas y malos tratos de una forma sistemática.

Estas violaciones continuas de derechos humanos fueron incluso asumidas por voces del régimen, como algunos de altos cargos del ejército de Hassan II, que reconocieron como se ejecutaba a presos saharauis y se les arrojaba vivos desde helicópteros al desierto del Sáhara. Tanto estas declaraciones, como otras muchas evidencias denunciadas por diversas organizaciones de derechos humanos de todo el mundo, han sido sistemáticamente silenciadas por el régimen marroquí, hoy con el sucesor de Hassan II en el trono, Mohamed VI, y los gobiernos imperialistas del Estado español, Francia y EE.UU.

El gobierno de PSOE-UP mantiene la misma política cómplice contra el pueblo saharaui

Hasta la entrada en el gobierno las fuerzas que integran Unidas Podemos se habían mantenido en una posición de apoyo a causa saharaui. Asumían, podríamos decir, un “consenso” existente en la izquierda del Estado español de solidaridad y soporte a sus reivindicaciones democráticas, el retorno a su tierra y el derecho a poder constituir su propio Estado.

Sin embargo parece que una vez dentro del Consejo de Ministros, tanto Podemos como IU estarían asumiendo otro “consenso” antagónico, el que han mantenido hasta ahora los gobiernos de la UCD, el PP y el PSOE. El Estado español, aunque formalmente se ha manifestado a favor de la realización de un referéndum de autodeterminación, en los hechos ha hecho bloque con la monarquía marroquí, EE.UU. y el resto de potencias imperialistas de la UE. Una posición que ha permitido que empresas españolas puedan seguir participando del expolio de los recursos del Sáhara Occidental, muy especialmente sus ricos bancos de pesca o la arena empleada para la ampliación o restauración de playas.

Un ejemplo de este cambio fue su silencio absoluto ante la reciente justificación de la concesión de la máxima condecoración de la Guardia Civil a un torturador del pueblo saharaui. Aunque esta se realizó en 2019, por el gobierno del PSOE en solitario, Unidos Podemos optó por no molestar al ministro del Interior Marlaska cuando desde el grupo parlamentario de EH-Bildu se preguntó y denunció esta condecoración.

La colaboración con la policía y el ejército marroquí es parte de la estratégia de extranjería del que es el gobierno de la quinta potencia imperialista de la UE, gobierne quien gobierne. Algo que explica que tampoco el nuevo ejecutivo haya planteado ninguna medida para lograr la extradición de los 11 altos cargos militares marroquíes, que desde 2015, están procesados por el Juez Ruz de la Audiencia Nacional por delito de genocidio por algunos de los crímenes que se cometieron contra refugiados del Sáhara Occidental entre los años 1975 y 1992.

La lucha del pueblo saharaui seguirá contando con el apoyo y la simpatía de una parte muy significativa del pueblo del Estado español e innumerables entidades sociales, políticas y culturales. Desde aquí la mejor ayuda a su lucha es denunciar el rol cómplice del imperialismo español en la ocupación, expolio y represión que padecen. Un apoyo internacionalista, sin la más mínima ilusión en los gobiernos de turno que no dejan de defender ante todo los intereses de las grandes empresas nacionales (en este caso sobre todo pesqueras y de construcción).

Una solidaridad que sirva de balón de oxígeno para que el pueblo saharaui pueda retomar la lucha por su derecho a la autodeterminación desde el exilio y los territorios ocupados, en alianza con el resto de sectores que combaten al régimen marroquí -como hemos visto recientemente en el Rif o antes a la juventud del movimiento 2O de febrero- y el resto de pueblos del mundo árabe, desde Argelia hasta el Líbano o Iraq, que se están empezando a levantar de nuevo contra sus gobiernos autoritarios y vendidos al imperialismo.






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