Internacional

PRESIDENCIALES FRANCESAS

Primer debate hacia las presidenciales francesas con más crisis que ideas

Este lunes tuvo lugar el primer debate de las presidenciales francesas. Participaron solo cinco de los once candidatos en un debate deslucido y antidemocrático. Las críticas de Philippe Poutou.

Miércoles 22 de marzo de 2017 | 11:31

De los 11 candidatos para las elecciones presidenciales, solo cinco fueron invitados al canal TF1: Emmanuel Macron, François Fillon, Marine Le Pen, Benoit Hamon y Jean-Luc Mélenchon. Se trató de un debate con reglas antidemocráticas que ni siquiera los candidatos que dicen representar a la “izquierda” denunciaron en ningún momento.

Tras el debate el candidato de la izquierda anticapitalista Philippe Poutou afirmo que se vieron “Grandes candidatos sin grandes ideas”, denunció el funcionamiento antidemocrático de los debates y dijo que los participantes no tienen consideración por la urgencia social, y que son incapaces de llevar adelante un cambio radical.

Ni una palabra sobre la malversación de fondos públicos

El candidato de la centroderecha François Fillon, acusado por distintos casos de corrupción, se mantuvo a la defensiva en un primer momento, asumiendo la postura de la responsabilidad. El resto de los candidatos prefirió callar y no decir una sola palabra sobre las acusaciones en su contra. De esta manera le dieron un soplo de aire fresco al cambiar el tema hacia asuntos internacionales, sobre el terrorismo y la seguridad. De la misma manera nadie le preguntó a Marine Le Pen por el escándalo de los empleos ficticios de los que se le acusa en el Parlamento Europeo.

Marine Le Pen, proteccionismo y xenofobia en acción

Aunque estuvo aislada en una buena parte del debate, e incluso fue utilizada por Macron para agitar la política del voto útil, la candidata del Frente Nacional escapó de la tormenta y pudo revertir esto en el tramo final del debate. Comenzando con aspectos patrióticos, Marine Le Pen aprovechó para marcar una clara diferencia con el resto de los candidatos con respecto a la ruptura con la Unión Europea. De esta forma trató de reafirmarse como la única candidata “anti-establishment”.

Dejando a Fillon como un defensor de la democracia

Increíblemente los candidatos que se definen a la “izquierda” (Hamon y Mélenchon), dejaron que el conservador y desacreditado François Fillon quede como un defensor de la democracia. Con una hipocresía sin límites, Fillon dijo en su primera intervención “Somos once candidatos de los cuales solo cinco estamos aquí, esto es un problema democrático”. Fue un buen arranque para este candidato de la derecha que luego se fue “apagando” durante gran parte del debate, dando espacio para que sus competidores se recuperaran. Esto incluye a Mélenchon y Hamon, que sin embargo se negaron a darle el tiro de gracia.

Macron, el neo-liberal de la nueva generación

Con mucha fuerza en las encuestas, aunque con menos experiencia, Emmanuel Macron salió totalmente reforzado del debate, pese a que el final soportó algunas burlas de Marine Le Pen. A través del debate fue pasando de izquierda a derecha, apoyándose en Fillon, en Hamon y Mélenchon, un juego de pragmatismo de candidato ni de izquierda ni de derecha. Escudándose en la sociedad civil fuera de los partidos tradicionales intentó encarnar la renovación de la política, cambiando cada tanto su discurso que iba desde “medidas sociales” hasta un discurso extremadamente securitario.

Mélenchon, la recuperación económica dentro del sistema

Jean Luc Mélenchon, candidato de Francia Insumisa, salió como el mejor parado del debate televisivo con un del 55% que lo consideró el que tenía argumentos más convincentes. Arranco con una buena presentación durante la cual insistió en el establecimiento de una VI Republica para poner fin a la “monarquía presidencial” y relanzar la economía en respuesta al desempleo masivo. Su objetivo, delimitarse por izquierda de la candidatura de Hamon del Partido Socialista.

Mélenchon superó a Hamon

Sin embargo, pese a la verborrea en la que suele ser muy hábil Mélenchon, la radicalidad se quedó en casa. Ni una sola palabra sobre los empresarios de la CAC 40 (principales empresas). La oligarquía, un concepto más ambiguo que “el pueblo” desde abajo, es bastante conveniente para no mostrar a los verdaderos adversarios, la gran patronal de la CAC 40. No hizo ninguna mención a la antidemocrática ausencia de los otros 6 candidatos que no fueron invitados. Hamon, por su parte, trato de encarnar a una “izquierda responsable”, apoyándose en la propuesta de un ingreso universal. Una presentación que aunque pareció correcta, fue eclipsada por Mélenchon…

¿Y los explotadores, ladrones y corruptos?

Durante el debate, tres líneas quedaron claras. El proteccionismo xenófobo de Marine Le Pen, el neoliberalismo en las dos versiones, la conservadora de Fillon y el new age de Macron; y el keynesianismo dentro del sistema que Mélenchon defendió mejor que Hamon, saliendo más fortalecido. Sin embargo durante las tres horas del debate sobre la sociedad, la economía y la diplomacia, tanto Mélenchon como Hamon se mantuvieron “discretos” sobre los negocios ilegales. Tras el debate el candidato del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) Philippe Poutou afirmó, “Es bizarro, como si no hubiera capitalistas explotadores y ladrones, ni policías corruptos. ¡Eso tiene que cambiar!”.

Un espacio para los anticapitalistas

El poco debate, y la deslucida participación de los candidatos que se presentan como la izquierda, muestra que existe un espacio para una verdadera izquierda anticapitalista, que denuncie los ataques de la patronal, las ganancias de los grandes empresarios capitalistas, una izquierda anti-imperialista que denuncie el racismo del estado y la policía, su brazo armado; que exija la libertad de circulación y de residencia de los inmigrantes indocumentados. Un espacio para popularizar un programa para ofrecer una vía progresiva para los trabajadores y la juventud para abordar el problema del masivo desempleo y de la precariedad laboral, a través de la distribución del trabajo entre todos, sin reducir el salario.

Lejos de ofrecer estas perspectivas, Mélenchon, mediante su “revolución ciudadana” y el horizonte de una “Francia independiente”, se negó a señalar los negociados del conjunto de los capitalistas, hablando solo de Lafarge (empresa acusada de tráfico de influencias y corrupción) como un patrón poco ejemplar. Al mencionar únicamente a esta empresa, elude el profundo cuestionamiento del sistema, para poner sobre la mesa, a todas las grandes empresas del CAC 40, es decir, los grandes capitalistas franceses. Como señaló Philippe Poutou: “Grandes candidatos, pero sin grandes ideas. Sin consideración de urgencia social, incapaces de un cambio radical”.

Traducción: Francisco Catalán






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