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Trabajadoras del KFC: “Queremos cocinar para los más vulnerables y no para enriquecer a unos pocos”

Estas semanas muchas empresas y grupos empresariales de la restauración con beneficios millonarios han anunciado ERTEs a la totalidad de sus plantillas. Esta semana lo hizo AmRest propietaria de KFC, La Taglietalla y Bacoa llevando al ERTE a 3666 trabajadores. Hablamos con dos trabajadoras de esta compañía para que nos cuenten de primera mano sus impresiones al respecto.

Sábado 28 de marzo | 16:20

Multitud empresas y grupos empresariales de la restauración y otros sectores con beneficios millonarios han anunciado ERTEs a la totalidad de sus plantillas. Millones de trabajadoras y trabajadores se han visto de la noche a la mañana en el paro.

Dialogamos con dos trabajadoras de KFC, empresa que pertenece a AmRest, un grupo empresarial que posee importantes cadenas de restauración como KFC o La Tagliatella. También gestiona franquicias de otras cadenas en el Estado español como Burger King. Cuenta con más de 1600 restaurantes por todo el mundo.

Esta empresa ha presentado un ERTE que afecta a un total de 3.666 trabajadores, que representan un 93% de la plantilla de sus restaurantes propios en el Estado español (KFC, La Tagliatella, Bacoa y Blue Frog).

Ana trabaja en un KFC de Valencia, nos cuenta sus condiciones laborales en AmRest y la situación en la que se encuentras miles de trabajadores con la llegada de la crisis del CoVid-19. “Comencé a trabajar el 28 de noviembre estaba dada de alta a 16h por semana y mi contrato terminaba el 12 de enero, las horas extras las pagaban a 9€. En diciembre hubo una semana que llegué a trabajar entre 60-70 horas. A principios de año cambiaron convenio, esto no nos fue avisado con antelación, es decir, me dieron de baja el día 12 y me dieron de alta el 14, y me informaron de que a partir de ese momento las horas extras iban a ser pagadas a 7’45 €.”

Esta precariedad laboral tiene una de sus máximas expresiones precisamente en el tipo de contratos que hace esta empresa. Siendo en su mayoría de jornada parcial, con lo cual muchos trabajadores, para poder llegar a fin de mes se ven empujados a tener que hacer infinidad de “ horas complementarías”; sin planificación alguna y sometidos a las necesidades inmediatas de la empresa.

Esto ahora es un grave problema para los trabajadores que sufrirán un ERTE que no solo verán reducido su salario, cobrando solo un 70%, sino que el calculo respecto a la base cotizable no incluye todas esas horas complementarias.

Para AmRest el mercado español es uno de los más importantes y una gran fuente de riqueza. En noviembre de 2019 empezaron a cotizar en el Ibex. En marzo había trasladado su domicilio social a España, su segundo mayor mercado del mundo y "el más rentable", como aseguran en sus comunicados. También se posicionó como coinversor principal de Glovo cuando en julio 2019 invirtió 25 millones de euros en esta empresa española. Se trata por tanto de una compañía en plena expansión que cada año factura cientos de millones de euros.

Este importante crecimiento de AmRest se ha sustentado sobre ritmos de trabajo infernales y la continua precarización de las condiciones laborales de su plantilla. “Esta es la base con la que AmRest adquiere anualmente beneficios millionarios. A base de pagar salarios miseria y no pagar las horas complementarias trabajadas por sus empleados. Por ejemplo todas esas horas complementarias no se tienen en cuenta al pagar nuestras vacaciones, ni en los finiquitos y muchas veces ni tan siquiera nos las pagan. Así esta empresa facturó 445 millones de euros en el primer trimestre de 2019, lo que supuso un 28,1% más respecto al mismo periodo del año anterior.” , nos cuenta Tamia, trabajadora del KFC en Madrid.

La crisis del Coronavirus ha acentuado aún más el carácter explotador y despótico de estas empresas. De esta manera muchas marcas de restauración, en su intento de no renunciar a un céntimo de sus beneficios, obligaron a sus empleados a seguir trabajando sin ningún tipo de protección poniendo en riesgo su salud y la de los consumidores. Tras unos días en esta situación la mayoría de establecimientos cerraron obligando a gastar las vacaciones a sus trabajadores hasta que se empezaron a confirmar los ERTEs. La mayoría de trabajadores no sabían la situación en la que se encontraban, ya que de forma generalizada ni las empresas, ni las organizaciones sindicales, han hecho una labor de informar en que situación se quedan los trabajadores afectados por los ERTEs.

Estos cierres de empresas, sobre todo en sectores como la hostelería se están implementando de forma totalmente arbitraria por parte de la patronal, solamente movidos por el ánimo de lucro. En el caso de AmRest esto le sirvió como excusa para no pagar a muchos trabajadores las horas complementarias que tenían pendientes de pago. Una práctica que antes de esta situación ya se daba y que con el ERTE va a generalizarse. “Mi jefe me dijo que solo me iba a poder pagar 5 horas de las que me debía y no iban a poder ser reflejadas como horas ya que el convenio era diferente y se tenían que plasmar como gratificaciones. Empecé a hablar con todos mis compañeros y a todos ellos se le debían horas extras, algunos más de 100h”, nos cuenta Ana.

Esta no es más que otra de las consecuencias de los ERTEs impuestos, los cuales implican que tengan que ser los trabajadores los únicos sobre los que recae el peso de la crisis y la cuarentena. Además esta medida tiene como resultado directo el endeudamiento del Estado, algo que inevitablemente repercutirá en nuestra sanidad, en educación o en las pensiones. Un endeudamiento del que hoy no podemos conocer hasta el final sus consecuencias, pero que sin duda como ocurrió con la crisis de 2008 tratarán de hacernos pagar a los sectores populares como ya se está viendo en estas primeras semanas de la crisis.

La crisis del Coronavirus y la situación de confinamiento hace que muchos trabajadores comiencen a pensar el rol social que podrían jugar en momentos como este. “Muchos trabajadores de KFC y otras cadenas de la restauración no nos resignamos y no solo estamos dispuestas a pelear por mejores condiciones. Sino también como plantean nuestros compañeros de Telepizza, queremos cocinar para los sectores más vulnerables y no para enriquecer a los dueños de estas marcas. Esto pasaría por poner toda la infraestructura de los restaurantes en los que trabajamos al servicio de las necesidades sociales. Siempre controlando nosotros mismos el diseño de los menús con comités nutricionales y de salud compuestos por trabajadores que piensen tanto los menús como todas las medidas necesarias para que nosotros podamos trabajar de forma segura y sin riesgo para nuestra salud. Para poder hacerlo el Estado debería intervenir empresas como KFC que disponen de infraestructura suficiente para asumir un sistema así.” Explica Tamia.

Estamos viviendo una crisis histórica la cual nos quieren hacer pagar a los sectores populares. Para dar una salida real a la grave crisis de salud, social y económica la clase obrera ha de ser parte de la solución poniendo a disposición de las necesidades sociales el control de la producción.






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