Política Estado Español

EDITORIAL

Una semana de protestas juveniles que cuestionan a la izquierda del régimen

Las movilizaciones por la libertad de Hasel y la represión policial del gobierno central y la Generalitat ponen contra las cuerdas los relatos “progresista” y “procesista”. La necesidad de poner en pie un gran movimiento independiente, que impacte en la clase trabajadora para que entre en escena, y avanzar en construir una izquierda anticapitalista y de clase.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 18 de febrero | 19:04

Estaba fuera de todo pronóstico. La semana posterior a las elecciones catalanas ha cambiado el eje político esperado. Tertulianos y opinólogos solo tuvieron el lunes para hablar de pactómetros y analizar el fracaso de la Operación Illa, el fortalecimiento del independentismo y el avance de Vox.

El martes, el encarcelamiento de Pablo Hásel tras la entrada de los Mossos d’Esquadra – dirigidos por el govern en funciones de ERC y JxCat- en la Universidad de Lleida, daban inicio a la ola de manifestaciones más masivas y extendidas por todo el Estado desde el comienzo de la pandemia.

Miles de jóvenes han llenado las calles de decenas de ciudades y previsiblemente lo seguirán haciendo en los próximos días. Las manifestaciones más multitudinarias se vivieron en Catalunya y Madrid, y no por casualidad ha sido en Barcelona y la capital donde la represión policial se ha desatado con más virulencia.

La juventud expresa en las calles un malestar social agravado tras un año de crisis y pandemia

La razón inmediata de las protestas es la exigencia de libertad del enésimo condenado en el Estado español por un delito de libertad de opinión. Que además uno de los dos delitos por el que se le encarcela sea en de injurias a la Corona, un tipo penal que parece sacado del medievo, incrementa el odio entre una generación que no tiene Rey. La Monarquía es una institución que es percibida como caduca, antidemocrática y corrupta, en especial entre los más jóvenes, como quedó patente hace dos años en el movimiento de referéndum sobre la misma que se extendió por todo el Estado.

Pero además, esta ola de protestas está actuando como caja de resonancia de las graves contradicciones y padecimientos sociales agravados en este año de pandemia. A la respuesta coercitiva y punitiva a la pandemia, mientras todos los gobiernos se han negado a implementar medidas sanitarias urgentes para poner freno al desastre, se le ha sumado una crisis económica y social que tira por tierra las expectativas de futuro de una generación que, en sus franjas más jóvenes, solo ha vivido en tiempos de crisis.

El desempleo juvenil roza en 50%, la universidad y los estudios superiores se han convertido casi en un lujo, las campañas de criminalización a los más jóvenes son constantes y brutales... Una situación que se plasma, según señalan diversos estudios, en un aumento de los problemas de ansiedad y depresión. Pero esto puede y debe empezar a cambiar, la juventud parece estar diciendo basta y saliendo a la calle.

Una movilización que cuestiona a la “izquierda” del régimen

¿Se puede estar comenzando a romper el consenso pandémico? Es una posibilidad. Las grandes mediaciones de la izquierda reformista y la burocracia sindical harán todo lo posible por evitarlo. Por eso los grandes sindicatos no han llamado a la más mínima acción a pesar de lo escandaloso del caso, por eso la izquierda reformista hace algún tweet y poco más, empezando por la que está en el gobierno. Incluso algunos, como el secretario general del PCE, manda mensajes de apoyo a las fuerzas policiales propios del ministro del Interior.

Estas protestas ponen en evidencia la impostura del gobierno “progresista” en una de sus promesas más elementales, acabar con la Ley Mordaza y otros artículos del Código Penal que son instrumentos para la persecución de la libertad de expresión, como el de injurias a la Corona o enaltecimiento del terrorismo. Ni siquiera estas demandas democráticas básicas han sido aprobadas por el “gobierno más progresista de la historia”. Por eso hay raperos en la cárcel o el exilio, periodistas y tuiteros multados en el banquillo, y un largo etcétera.

Además son ellos los responsables directos de buena parte de la represión. La Delegación del gobierno en Valencia, el martes, o en Madrid, el miércoles, fueron las que dieron la orden para que la Policía Nacional impidiera por la fuerza que la manifestación siguiera su marcha, iniciándose así las cargas.

Pero el malestar contra esta “izquierda”, que representa el PSOE y también hoy Podemos, IU y el PCE, es también por no haber cumplido otras promesas elementales, como derogar la reforma laboral que avala una porción importante de la precariedad, seguir permitiendo los desahucios, entregando miles de millones a las empresas del IBEX35 o amparando la corrupción de la Casa Real.

ERC y JxCat al frente de la represión en Catalunya ¿los investirá la CUP?

En Catalunya este malestar se hace extensivo al govern de la Generalitat y los partidos procesistas que están al frente, y previsiblemente seguirán estando. ERC y JxCat, que de cara a la galería se llenan la boca en defensa de la libertad de expresión, siguen estando al frente de los Mossos que detuvieron a Hásel o que han reprimido las protestas de Barcelona, Girona o Vic, entre otras. Sus antidisturbios siguen haciendo uso de armas como las pistolas de foam, que quitaron el ojo a una joven manifestante este martes. Y son los gestores de la pandemia y la crisis social, con las mismas políticas criminales que el gobierno central.

Las movilizaciones en Catalunya señalan con el dedo a los partidos del establishment catalán. Los mismos a los que la candidatura de la CUP y Guanyem seguían tendiendo la mano para negociar un nuevo gobierno independentista el lunes mismo. ¿Seguirá la CUP dejando la puerta abierta a un apoyo en la investidura, acuerdo de legislatura o hasta entrada en el govern junto a estos partidos? De ser así a la brecha entre la calle y el Palau -que se empezó a abrir con las movilizaciones contra la sentencia en 2019- se le empezará a añadir una brecha entre esta izquierda y toda una nueva generación indignada.

La irrupción en las calles de esta nueva generación, en su mayoría entre los 16 y 22 años, puede estar preanunciando una nueva crisis de representación. El “no nos representan” del 15M, que dio inicio a una crisis del Régimen del 78 para la que no han encontrado una restauración estable y duradera, puede resurgir incluyendo esta vez a las formaciones de la izquierda reformista que emergieron para desviarlo, e incluso, si la CUP no rectifica su rumbo, a la propia izquierda independentista.

Una extrema derecha que avanza sobre los lomos del régimen y sus partidos

Que ante semejante crisis social y económica, los grandes proyectos de la izquierda del ciclo anterior sean ya régimen, como es el caso de Unidas Podemos, deja un terreno abierto para que puedan intentar capitalizar el malestar y desencanto opciones abiertamente reaccionarias. Sobre todo si no ponemos en pie una izquierda diferente y superadora a la que hoy gobierna en Moncloa.

Algo de esto vimos en las elecciones catalanas del domingo. El buen resultado de Vox, con un 7,7% de los votos y 11 diputados, tuvo su ribete más preocupante en los votos obtenidos en las principales localidades y barrios obreros -donde duplicó o triplicó los de la CUP- y que un 20% de ellos se cosecharan en jóvenes entre 18 y 35 años.

Vox ya no habla solo de españolismo. Está afilando su mensaje demagógico anti-establishment, de denuncia a la casta política y en exigencia de un programa de “rescate” populista a las clases medias arruinadas que contrapone a la inmigración de forma abierta. Una salida totalmente reaccionaria, pero que si no hay una contrapropuesta igual de radical que hable de expropiar a los capitalistas para hacerles pagar la crisis y tumbar este régimen podrido, puede ganar adeptos entre sectores populares.

La contundencia de la respuesta al encarcelamiento de Hasel demuestra que hay fuerzas sociales en las que apoyarse para intentar construir una izquierda de este tipo. Hay cientos de miles de jóvenes y trabajadores que nada le deben a este régimen, sus partidos y el capitalismo español hoy en crisis, a los que desde la izquierda que nos reivindicamos anticapitalista y de la clase trabajadora, podemos dirigirnos.

Pongamos en pie un gran movimiento contra la represión, avancemos en construir una izquierda anticapitalista y de clase

Hay un peligro en ciernes que es el crecimiento de la extrema derecha, pero hay ya un crimen social en curso del que los responsables los partidos de la derecha y el gobierno “progresista”, y los del viejo procesismo en Catalunya. Este crimen social y sus consecuencias son el fermento de donde puede emerger Vox, que por otro lado es un hijo legítimo del Régimen del 78.

No podemos hacer frente a la extrema derecha de la mano de quienes encarcelan raperos, condenan a morir ahogados a miles de migrantes, nos abocan a un futuro de precariedad y miseria, mientras siguen rescatando a costa de deuda y los futuros ajustes a las grandes empresas del IBEX35. Ni la izquierda neorreformista, ni cualquier otra izquierda que quiera jugar el rol de socio menor de estos partidos y gobiernos, es una alternativa ni para frenar a la extrema derecha, ni para parar la represión, ni menos aún para resolver los grandes problemas sociales.

Necesitamos, partiendo de las movilizaciones que estamos viendo estos días, poner en pie un movimiento independiente de todos estos agentes. Organizar asambleas en los centros de estudio, barrios y en aquellos centros de trabajo donde sea posible. La izquierda sindical debería jugar un papel clave en todo esto, y ser parte de la denuncia y exigencia a la burocracia de los grandes sindicatos, para poner en pie un movimiento contra estos ataques a la libertad de expresión y los derechos democráticos, que abra camino a poder imponer el fin de las reformas laborales y de pensiones y medidas que hagan pagar la crisis a los capitalistas. Que se rompa bien roto el consenso pandémico con el que nos quieren condenar a la pasividad y la resignación a aceptar pagar esta crisis.

La gravedad de la crisis social y económica hace que lograr que la clase trabajadora, junto a la juventud y los sectores populares, entre en escena para pelear por un programa contra el desempleo, la falta de vivienda, las leyes de extranjería o la miseria creciente, ligado a la lucha por las demandas democráticas pendientes como la amnistía para todos los luchadores y presos políticos, sea una cuestión capital. Solamente así podremos soldar la unidad de las filas obreras que los diferentes gobiernos capitalistas, “progres” o de la derecha, y la burocracia sindical mantienen divididas, y que son el abono para que las salidas reaccionarias de la derecha populista y su “guerra entre pobres” siga creciendo.

Para pelear hasta el final por esta perspectiva, hace falta construir una izquierda que no tenga complejos en plantear medidas que hablen abiertamente de expropiar a los expropiadores, a la banca, las grandes empresas... de pelear por imponer mediante la autoorganización y movilización estas demandas. Por no resignarse ante el cierre de fábricas y centros de trabajo y pelear por su ocupación, puesta a producción por sus plantillas y luchar por la nacionalización sin indemnización.

Por medidas que ofrezcan realmente una solución a los grandes problemas sociales, y una hoja de ruta que no sea la de socio menor del progresismo neoliberal hoy en el gobierno o de partidos como los procesistas, sino una movilización independiente de la clase trabajadora.






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