Política Estado Español

EXTREMA DERECHA

Vox quiere llegar a la clase obrera ¿qué izquierda necesitamos para impedirlo?

Vox saludando a las plantillas de Nissan o Alcoa, o tomando la bandera de los ERTEs impagados muestra que quieren ampliar su base social. Solo una izquierda independiente del gobierno y que oponga un programa anticapitalista puede enfrentar esta demagogia populista.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 4 de junio | 15:25

¿Vox se “lepeniza”? ¿la camisa azul de Abascal en la manifestación de coches por Madrid era un guiño “joseantoniano”? Sin duda, la extrema derecha ibérica está preparándose para un marco postpandemia que será mucho más convulso. Catástrofe económica, crisis social y un régimen que hace aguas ¿Al frente de este naufragio? Un gobierno de coalición entre los social-liberales y quienes nacieron como la impugnación al statu quo y hoy son parte del mismo. Para aprovechar este escenario se están preparando.

Cuando la extrema derecha quiere hablar a la clase trabajadora y los sectores populares

Lo más novedoso del discursos de Vox en estas semanas no está siendo su “radicalización” o sus tics destituyentes. Aunque los grandes medios y el gobierno quieran poner el acento en esto, encontramos referencias igual de afiebradas desde su emergencia en las andaluzas de 2018. El relato de una derecha golpista sirve a la vez para los muy cafeteros de Abascal -que confirman la “valentía” de su líder- y para quienes quieren alentar el apoyo incondicional al gobierno “progresista” ante la amenaza de la derecha.

Lo nuevo de la extrema derecha voxiana avanza sobre dos ejes. En primer lugar, aparecer como una derecha “militante”, que no solo batalla en el Congreso y las redes sociales, sino que es capaz de movilizar a sus huestes como elemento desetabilizante extraparlamentario. Pero esto -que ya realizó el PP bajo el gobierno de Zapatero con mucha más masividad- ha puesto también al desnudo la estrechez de la base social con la que cuenta por ahora Vox.

Como escisión del PP, hasta ahora la ultraderecha ha cosechado sus mejores resultados en zonas de renta alta y todavía su entrada en el electorado tradicional del PSOE, que se aglutina en los barrios obreros, era residual. Las encuestas publicadas hasta ahora no le dan tampoco una mejora de resultados, de hecho bajarían respecto al PP.

Para intentar resolver esto esta el segundo nuevo eje voxiano. Se trata de desplegar más abiertamente un discurso que aspira a llegar más allá del barrio de Salamanca, Pedralbes o el distrito de Zarzuela. Un discurso de mayor nacionalismo económico, defensa de la soberanía nacional y un refuerzo del racismo para la división de la clase trabajadora en líneas nacionales.

En las últimas intervenciones en el Congreso las referencias de los diputados de Vox a los principales conflictos obreros, como Alcoa y Nissan, son recurrentes. Cuando se anunció el cierre de la fábrica japonesa en la cuenta oficial del partido en twitter se podía leer: "Nissan cerrará su planta de Barcelona, donde trabajan más de 3.000 españoles. La izquierda y el separatismo están arrebatando a los trabajadores su futuro. Para evitarlo, será necesaria la movilización trabajadora permanente hasta vencer al Gobierno del paro y la miseria".

También han tomado la bandera contra el impago de los ERTEs por parte del SEPE que afecta a entre 600 mil y un millón de trabajadores. Lo hacen a la vez que los grandes sindicatos miran para otro lado ante una situación que está dejando al borde de la pobreza severa a miles de familias. O se hacen eco de la runia de miles de autónomos a los que el gobierno solo ha ofrecido -y no a todos- un subsidio que no llega a los 600 euros mensuales.

Cuando la nueva izquierda reformista es ya parte de la casta

Vox se quiere presentar como los nuevos tribunos de los “descamisados”, el nuevo azote de una clase política ajena a los sufrimientos del pueblo. Por más que el relato clame al cielo por lo demagógico, la situación de aguda crisis social y el desprestigio de un gobierno “progresista”, que en los hechos trata con guantes de seda a los grandes capitalistas y reparte pequeños subsidios para contener la pobreza, puede hacer que cale o que “siembre ideas” que les permita capitalizar parte del descontento con el gobierno cuando este estalle de una forma más aguda.

Si lo consiguen será no tanto por sus méritos discursivos como por los deméritos de la izquierda reformista que les allana el camino. Empezando por Podemos e IU que desde el Consejo de Ministros y Ministras, son parte directa de la gestión de esta crisis con recetas de rescate de los grandes capitalistas muy parecidas a las de en 2008.

Vox explota esto. Hasta llegó a utilizar el aniversario del 15M para lanzar una campaña por redes bajo el lema “seguimos indignados”. Este miércoles Abascal espetaba a Iglesias que “vienen ustedes aquí, disfrazados de descamisados, pero siempre acaban de la mano de los poderosos”. Lo decía al calor la enésima puerta giratoria de la que se benefician dos exdirigentes del PSOE – José Blanco y José Montilla-, pero ahora también un activista ambiental vinculado a Podemos – Cristobal Gallego-. Los tres acaban de entrar en el Consejo de Administración de Enagás. La veloz integración de Unidas Podemos en el régimen y la casta le permite a la extrema derecha decir cosas como que “están haciendo honor a las puertas giratorias que denunciaban”.

Este giro hacia una derecha populista más en la tónica de la del Frente Nacional de Le Pen -que logró atraer a una parte de la antigua base social del PCF con esta demagogia social- se completa con el rechazo a las hipotéticas imposiciones futuras que marque Bruselas a cambio del paquete de subvenciones y préstamos que se está negociando, la defensa del comercio y consumo nacional frente a productos extranjeros o la defensa de propuestas de salvataje patronal disfrazadas de defensa del empleo como que el Estado se hiciera cargo de todos los salarios de los trabajadores durante 3 meses.

Además de por supuesto todo el discurso racista “marca de la casa” cada vez más abierto. Vox agita el fantasma de la inmigración como la principal amenaza para poder aliviar y resolver los grandes problemas sociales. Su oposición al “ingreso mínimo vital” es un buen ejemplo de esto. Dicen que a una renta temporal y excepcional no se opondrían, pero una ayuda de la que se pueden beneficiar inmigrantes con un año de residencia legal actuaría de “efecto llamada” y supondría ahondar en las perspectivas de ruina y miseria.

No es posible enfrentar a la derecha de la mano del gobierno “progresista” que le abre el camino

El gobierno, la burocracia sindical y el resto de la izquierda reformista en el Congreso, plantean hacer piña junto al gobierno “progresista” para hacer frente a la ofensiva de la derecha. La misma lógica del mal menor que justificó el acuerdo de investidura y que ahora se hace extensivo a mantener esa heterogénea coalición a la que se está sumando hasta la derecha de Ciudadanos.

Pero apoyar al gobierno es apoyar también a sus políticas. Las mismas que siguen profundizando los grandes problemas sociales sobre los que la extrema derecha quiere desplegar su demagogia. Es acatar -o a lo sumo cuestionar desde una posición de quien apoya lo bueno y critica lo malo sin demasiado aspaviento- que Alcoa y Nissan pueden dejar a miles de familias en la calle, que está bien que el gobierno rescate a las empresas mientras da ayudas de miseria que dejan a millones bajo la línea de la pobreza, que deje exentos los grandes patrimonios y beneficios empresariales de cualquier impuesto y un largo etcétera.

La única forma de poder enfrentar seriamente la extrema derecha y su demagogia social es peleándole la calle y la oposición al gobierno de turno, en este caso del turno “progre”. Desde sectores de la izquierda sindical, los movimientos sociales o la izquierda anticapitalistas vienen creciendo los cuestionamientos al gobierno y su plan ante la crisis. Sin embargo, esta oposición está lejos todavía de articular una alternativa al mismo con la misma radicalidad y voluntad ofensiva de imponer la agenda que lo está planteando la extrema derecha.

A la demagogia de Abascal y los suyos, y a sus política racista reaccionaria, es necesario oponer un programa que de una salida de conjunto a la crisis y los grandes problemas sociales a costa de los grandes capitalistas. Exigir demandas urgentes como la de los impuestos a las grandes fortunas, contra los rescates, préstamos y subvenciones de la UE a cambio de nuevos ajustes y recortes en los próximos años. O como la nacionalización bajo control obrero de todas las empresas que, como Nissan o Alcoa, quieran cerrar o despedir masivamente. O la nacionalización de la banca para que una banca pública única y bajo control de las y los trabajadores pueda condonar deudas y dar crédito barato a los pequeños productores arruinados. O la derogación de todas las leyes de extranjería que se emplean para dividir a nuestra clase, enfrentarnos y tirar a la baja nuestras condiciones y salarios.

La CUP es la única formación de izquierda que no ha brindado apoyo al gobierno en las Cortes. Pero todavía está lejos de convertir sus escaños en las Cortes en una trinchera desde la que no dejar de presentar iniciativas legislativas que, aún sin ninguna ilusión en que la Mesa y esa Cámara dominada por los partidos del régimen vayan a aceptar, pudieran servir de altavoz para un programa así y fortaleciera las primeras respuestas que ya se están dando en la calle, como la de los trabajadores sanitarios o los de Nissan, Alcoa y todas sus subcontratas.

Lo mismo podríamos decir de la izquierda sindical, que no es parte del diálogo social que está avalando junto a la patronal las políticas del gobierno, pero sigue sin impulsar asambleas en los centros de trabajo para imponerle a las direcciones sindicales burocráticas un plan de lucha a la altura de la situación, empezando por los lugares donde ya hay conflictos planteados.

En un momento como el actual, con la mayor oleada de despidos y cierres en décadas, la CUP, junto a otras organizaciones de la izquierda anticapitalista y la izquierda sindical podrían impulsar una gran campaña en todo el Estado en apoyo a los conflictos en curso, que plantee la nacionalización sin indemnización y bajo control obrero de toda empresa que cierre o despida. En el parlamento, con proyectos de ley que, al mismo tiempo, cobren impulso en la movilización extraparlamentaria, desarrollando las asambleas que la burocracia sindical no quiere que haya y coordinando a todas las empresas afectadas, organizando la solidaridad...

Una demostración concreta de que la única alternativa en favor de la clase trabajadora y los sectores populares solo puede venir de su lucha independiente por un programa para hacerle pagar la crisis a los capitalistas, y no de la unidad o apoyo al gobierno que está ahondando las condiciones sociales y políticas que permiten el ascenso de la derecha.

Solo con la clase trabajadora pasando a la ofensiva, peleando por un programa así, podremos construir la fuerza social capaz de enfrentar a la extrema derecha e imponer una salida obrera y popular a la actual crisis.






Temas relacionados

Gobierno de coalición PSOE-UP   /   Unidas Podemos   /   Vox   /   Política Estado Español   /   CUP    /   Izquierda Unida   /   Podemos   /   Izquierda española

Comentarios

DEJAR COMENTARIO