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La Izquierda Diario
25 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

CONTRAPUNTO
El brexit, un fracaso heroico y los mitos del nacionalismo inglés
Josefina L. Martínez | @josefinamar14

Un Fracaso heroico. El brexit y la política del dolor (Capitán Swing, 2020) es el último libro de Fintan O’ Toole, comentarista político y crítico literario irlandés, editor literario en The Irish Times.

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La serie SS-GB, estrenada por la BBC en febrero de 2017, tiene como escenario una realidad alternativa. En 1941 los nazis invadieron el Reino Unido, fusilaron a Churchill y lograron consolidar un régimen de ocupación en la isla. El gobierno británico en el exilio no fue reconocido por Estados Unidos y la URSS de Stalin mantenía buenas relaciones con Hitler. En esas condiciones trabaja el detective de homicidios de Scotland Yard, Douglas Archer, que termina envuelto, sin quererlo, en las redes de la resistencia. La pregunta que desata la trama, basada en la novela del escritor británico Len Deighton es simple: “Qué hubiera pasado si Hitler conquistaba Gran Bretaña? El mismo recurso se encuentra en The Man in the High Castle emitida por Amazon, basada en una novela de Philip K. Dick (1962). El género literario es la ucronía, la invención de realidades históricas alternativas imaginadas a partir del cambio en un hecho de la historia y sus posibles derivados.

Para Fintan O’ Toole, SS-GB es una buena metáfora de los sentimientos de ansiedad que germinaron en sectores del conservadurismo inglés y que terminaron llevando al brexit. ¿Y si Gran Bretaña hubiera sido derrotada por Alemania, no en la guerra, sino mediante la burocracia de la UE?

El ensayo recorre las construcciones ideológicas y los mitos que el nacionalismo inglés presentó como amenazas reales en su batalla a favor del brexit. El espectro de una nación invadida (por las regulaciones de la UE, por el cosmopolitismo europeo, el poder alemán y los inmigrantes) que tiene que ser “liberada”.

O’Toole apunta que en la fantasía reaccionaria inglesa, la distopía de SS-GB no se distingue de la realidad: “Retóricamente, es un lugar común entre los antieuropeos británicos que la UE era la continuación de una manera más solapada de los intentos anteriores de dominación desde el continente”. [1]

“Napoleón, Hitler y algún otro intentaron unificar Europa sometiendo al Reino Unido y acabaron fracasando en el intento. La Unión Europea es un intento de conseguir el mismo objetivo por otros medios, y también está condenada al fracaso, porque es imposible unificar Europa cuando nadie o casi nadie se siente verdaderamente europeo.” A primera vista puede parecer un delirio, pero las declaraciones son del actual primer ministro británico, Boris Johnson, y fueron pronunciadas un mes antes del referéndum de julio de 2016.

La relación del Reino Unido con la UE fue compleja desde el comienzo. El presidente francés Charles De Gaulle vetó dos veces el ingreso de los británicos en la UE ampliada, en 1962 y 1967, por considerarlos un caballo de Troya de los norteamericanos. Recién en 1973 el Reino Unido obtuvo su membresía y en el referéndum de 1975 el voto a favor de la Unión obtuvo un 67%. En ese entonces el nacionalismo inglés antieuropeo todavía no cosechaba mayorías y pasarían muchos años hasta florecer con el brexit. Más tarde vendría el renacer británico de la mano de Margaret Thatcher, con la guerra de Malvinas y la ofensiva sobre la clase obrera como sus propias guerras externas e internas para reconstituir el poder imperial.

Después de 40 años de neoliberalismo, sin embargo, se produce el retorno del fantasma de un pasado traumático: el nacionalismo inglés vuelve a agitar la idea de que Gran Bretaña ha sido agraviada y humillada por los europeos continentales.

La contradicción del brexit, sostiene O’ Toole, es que “se concibe a sí mismo, al mismo tiempo, como una forma de reconstruir el imperio y como un movimiento de liberación nacional antiimperialista.” En una especie de “antiimperialismo reaccionario”, los nacionalistas ingleses hablan del Reino unido como si fuera una colonia de Alemania, invadida además por salvajes inmigrantes. En esa tesitura, Nigel Farage llegó a nombrar el 23 de junio de 2016 como el “Día de la Independencia”.

Con una buena dosis de ironía, O’ Toole explica esta “fantasía de sumisión” sadopopulista de los brexiters (que exageran las humillaciones infligidas a su nación por los burócratas de Bruselas), para lo que no faltan referencias al bestseller Cincuenta sombras de Grey, la novela erótica de “sado light” de la autora británica E. L. James.

Este trasfondo de humillación y agravio del que habría que liberarse se combina con otro mito de la imaginería nacionalista inglesa, la figura de la “derrota heroica”, desde la batalla de Isandhlwana donde el ejército británico fue derrotado por los zulúes (1879), hasta la gesta de Dunkerque (1940) recuperada por la película de Christopher Nolan (2017). Mitos de resistencia y sufrimiento que enmascaraban, en el pasado glorioso del imperio, que los dominados, ocupados y agraviados eran en realidad los pueblos colonizados por Gran Bretaña.

Otro sustrato ideológico de los nacionalistas, que Boris Johnson representa como uno de los principales impulsores del brexit en el partido conservador, es la idea de que hay que enfrentar la podredumbre de los valores multiculturales que las elites europeas estarían promoviendo, desde el feminismo, las migraciones o el islam.
“Esta metáfora es fundamental para el brexit: fusiona la guerra, el fin del Imperio, la inmigración y la UE en una sola imagen”. [2]

Detrás de esta retórica inflamada y delirante está la frustración de un sector de la clase dominante inglesa ante el hecho de que la potencia imperialista ha perdido su imperio, pero no sus sueños de grandeza, en un mundo donde las tensiones geopolíticas y nacionalistas más reaccionarias están creciendo. De hecho, este mismo discurso del “agravio exagerado” está presente también en la retórica de Donald Trump o de Salvini.

O’ Toole deja planteada una contradicción, aunque no tiene el objetivo de profundizar en ella en este libro. El hecho de que el brexit logró la anómala confluencia de ese nacionalismo reaccionario inglés (no británico, porque en Escocia, Irlanda del norte y Gales la situación es diferente) con el malestar y descontento de la clase obrera. Una clase obrera que se sentía abandonada por el establishment, azotada por las políticas neoliberales promovidas por Bruselas, mientras se desarticulaba el viejo Estado de bienestar y las zonas industriales veían brotar la pobreza.

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Finalmente, si bien O’ Toole deja claro que ni Gran Bretaña ni Inglaterra son territorios “colonizados” por la UE, al mismo tiempo señala que el enfado con la UE de parte de grandes sectores de la población no es una psicosis sino un indicio de salud mental. Nada menos que 123 millones de personas en la UE se encuentran en riesgo de pobreza (un cuarto de la población). “Un sistema político que impone un sufrimiento absurdo a algunos de sus ciudadanos más vulnerables por medio de la llamada ‘austeridad’ tiene una moral retorcida”. [3]

Mención aparte merece el capítulo dedicado al ascenso de Boris Johnson como promotor clave del brexit entre los tories (el libro fue escrito antes de su elección como primer ministro británico). Con el friki título de “Una pinta de cerveza, una bolsa de patatas fritas con sabor a coctel de gambas y dos onzas de excremento de perro, por favor”, nos presenta la figura de Johnson desde que ejercía como corresponsal de un diario inglés en Bruselas hasta su conquista del partido conservador, después de las sucesivas derrotas autoinfligidas de David Cameron y Theresa May. ¿Patatas fritas con sabor a coctel de gambas? Para saber por qué fueron tan importantes para el brexit deberían leer el libro de Fintan O’ Toole.

 
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