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EUROPA
Chalecos Negros: lucha contra la xenofobia en Francia
Salvador Soler

Inspirados por los Chalecos Amarillos, los Gilet Noir pelean por mejores condiciones laborales, contra las deportaciones y la regularización de documentación, en un momento de creciente xenofobia en toda la Unión Europea.

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Desde noviembre del 2018 Francia nos mantiene atentos al movimiento de los Chalecos Amarillos que reclamó contra el aumento de los combustibles en principio, para reconvertir sus demandas al pegadizo cántico ¡Macron Dimision! Pero en la cuna de la revolución burguesa surgió otro movimiento inspirado en el primero, los “Chalecos Negros” (Gilets Noir). Un movimiento que rompe símbolos franceses para protestar contra la precarización, el trabajo semi-esclavo y las deportaciones. Su nombre hace alusión a las condiciones en las que trabajan “en negro” alrededor de 400.000 personas, en el país con mayor cantidad de migrantes sin documentos.

El 19 de mayo a las 2 de la tarde, varios cientos de “sans papiers” (indocumentados) vestidos de negro, irrumpieron en el hall de las terminales 2F y G del aeropuerto de París, Charles de Gaulle, se autodenominaron Gilet Noir (Chalecos Negros). El aeropuerto, con el nombre del general que luchó por mantener el colonialismo francés en Asia y África, representa para este colectivo la frontera desde la cuál son expulsados a “lugares origen”. La acción, tenía el objetivo de protestar contra las deportaciones que habrían aumentado a más de 25 mil por año, frente a los 150 mil pedidos anuales de asilo en el país. También contra el negocio de las deportaciones, como el caso de Air France que tiene contratos con el Estado Francés. Siendo que la misma aerolínea contrata migrantes “indocumentados” para beneficiarse de tal condición. Una legalización del tráfico de personas en toda la línea. La respuesta del gobierno y las empresas: represión con gases lacrimógenos y palos.

El 12 de julio pasado irrumpieron en el Panteón de París 700 Gilet Noir. El edificio había sido pensado por Luis XV como una Iglesia, su construcción se retrasó durante años, y es finalizada por la Asamblea Nacional en plena Revolución Francesa, que decide convertirlo en un monumento que albergue a los personajes “ilustres de la patria”. Un cambio de simbología interesante para la época que representaba lo profundamente secular del proceso. La revolución levantaba ideas universales como “libertad, igualdad y fraternidad”, que hicieron eco en toda la humanidad, y había que eternizar a los defensores de las mismas. Sin embargo, esa simbología cargada en el Panteón sufrió una vuelta en la historia. Los Gilets Noir vinieron a recordarnos, que esas ideas se cumplieron para unos pocos.

En este caso fue para protestar contra la cuarta compañía de restauración más grande del mundo, Elior, que explota excesivamente a migrantes “indocumentados”. También, ganó el contrato de distribución de comidas en el CRA du Mesnil-Amelot, donde vienen de recortar salarios. Ambos contratos son con el Estado francés. La acción terminó con el desalojo violento, pero esas horas de toma, hicieron que Macron contenga el aliento, logrando visibilidad mundial de su situación.

La novedoso del movimiento es que incluye no sólo a la anterior generación de trabajadores indocumentados, muchos de los cuales todavía esperan sus papeles a más de 10 años de iniciar el trámite para trabajar en territorio francés. Sino a una generación de jóvenes recién llegados de la odisea que demanda migrar desde el Magreb y el África subsahariana.

Abandonan sus hogares buscando un futuro mejor, abriéndose paso a través del complejo escenario africano, pagando boletos a quienes hacen su negocio al conocer el camino para esquivar las guerras civiles, o grupos armados distribuidos en el Sahel, como Boko Haram. Muchos de estos países fueron colonias francesas, como Senegal, Argelia, Mauritania, Níger o Mali, que se encuentra bajo ocupación del ejército francés. Aún continúan siendo saqueados sus recursos naturales, como el uranio, gas o petróleo, sosteniendo acuerdos bilaterales con dictaduras militares como la de Mauritania o gobiernos podridos como el de Argelia (que está cayendo por su propio peso). Los planes de austeridad del FMI en muchos de estos países como en Argelia o Sudán, han ahogado en la miseria a muchos de estos países empujando a la migración a quienes logran juntar algo de dinero.

Mientras, en el territorio francés no les espera más que explotación y precarización, siendo que los trabajos que pueden acceder son en la construcción, la limpieza y la restauración donde se emplean a un gran número de migrantes “indocumentados”, por salarios muy bajos.

Kamara, una jóven chaleco negro, cuenta que “En un lugar donde trabajaba, el jefe quería pagarme 50 euros al día en lugar de 90 euros para otros empleados. Es la esclavitud moderna", resume."Y cuando pides el documento de Cerfa, [que prueba el trabajo realizado y es indispensable para el proceso de regularización], te echan" . "Tal vez todos los inmigrantes indocumentados deberían parar el trabajo para que la gente nos conozca, para que las cosas cambien" .

El gobierno de Macron viene limitando los derechos de los migrantes y facilitando la deportación. Junto a la Comisión Europea en un contexto de creciente xenofobia en la sociedad donde tienen base los partidos racistas como los italianos de la Lega Note de Salvini o el gobierno derechista de Viktor Orbán de Hungría, vienen financiando monumentales proyectos para frenar las migraciones. Levantaron un muro invisible que atraviesa África desde Senegal y Camerún hasta Etiopía, prometiendo miles de millones de euros a los gobiernos para que utilicen sus fuerzas de seguridad en controlar los movimientos migratorios que se estiman en 12 millones de personas, de las cuáles 7 millones son niños según UNICEF. Además de venderles armas a los gobiernos de Níger, Etiopía, Chad y a los grupos “privados”, encargados de realizar esta tarea. Uno de los puntos estratégicos es la ciudad de Agadez en Níger donde desmantelaron una ruta importante de transito de migrantes.

En el Mediterráneo, está la gran muralla marítima para frenar a los miles de refugiados que escapan de la guerra en Siria y Libia, y quienes migran del sur de África. Este mar se ha convertido en una verdadera tumba, allí mueren alrededor de 2000 personas ahogadas por año según ACNUR. Tanto Francia, como los países de la OTAN, son responsables directos de los conflictos armados en estos países.

Esta política de Francia, pero que es común a toda la Unión Europea, abandona a la suerte a miles de personas, entre ellas, niños que son el principal blanco de las redes de tráfico de personas, donde probablemente pueden terminar en esclavitud laboral o sexual, o tráfico de órganos, según UNICEF y el Consejo Europeo.

El movimiento de los Gilet Noir viene creciendo, ya hay muchas barriadas que se están sumando. Todos los meses mantienen acciones en París marcando un camino. "Nuestra lucha es la lucha de todos los precarios, de los explotados" dice Kamara. Si este espíritu se extendiera al resto de los trabajadores en Francia, se abriría la posibilidad de acabar con la barbarie capitalista.

 
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